Hay una obsesión en la industria de la iluminación que roza lo cómico: cuanto más pequeño es el foco, más grande es el ego de quien lo diseña. Zhiyun lleva años jugando a ese juego con la serie Molus, pero con el nuevo Molus X200 ha cruzado una línea invisible: la que separa el gadget práctico del capricho tecnológico con complejo de supernova.
El nombre promete el brillo de una estrella y, para ser justos, no se queda corto. 200 vatios reales en un cuerpo que pesa poco más que un cuerpo de cámara —y que parece diseñado para encajar en cualquier mochila, estudio improvisado o rodaje con presupuesto de cortometraje estudiantil—. Todo va tan apretado que uno se pregunta si la ingeniería moderna ya consiste en ver cuántos lúmenes caben en un tupper.
Pero eso sí, los Molus X200 Bi-Color y RGB no son solo potencia. Son también el recordatorio de que Zhiyun quiere que te lleves el estudio a la espalda aunque no tengas espalda. Porque sí, los dos modelos montan un sistema activo de refrigeración que suena a turbina de dron en miniatura, y aun así el cuerpo nunca llega a achicharrarse. El truco está en un diseño que parece salido de una caja de Lego militar, todo ángulos, metal y esa estética de “esto no es un foco, es una declaración de intenciones”.
200 vatios para gobernarlos a todos
El Zhiyun Molus X200 Bi-Color se mueve entre los 2700 K y los 6500 K, con una reproducción cromática que haría llorar de alegría a más de un LED de 1000 €. Su hermano RGB añade la fiesta: color pleno, efectos, geles digitales y el tipo de paleta que hace que un videoclip parezca caro incluso cuando se ha rodado en un garaje.
La marca presume de CRI 96+ y TLCI 97+, y la verdad es que cumple: la luz es limpia, con sombras suaves y sin esas dominantes verdes que dan ganas de formatear la cámara. Si a eso le sumamos el control por app, el dimmer físico y la compatibilidad con baterías V-Mount, la cosa empieza a oler a revolución portátil.
Claro que, como siempre, hay trampa: Zhiyun te vende el sueño de iluminar un cortometraje con dos focos y un powerbank, pero a los diez minutos descubres que los 200 W exigen energía real. No hablamos de cargar el móvil, sino de alimentar un pequeño reactor. Y cuando enchufas la batería, sientes que acabas de adoptar una mascota con hambre eléctrica.
La portabilidad según Zhiyun: si no pesa, es que no ilumina
El Zhiyun Molus X200 se convierte en un recordatorio luminoso de que la miniaturización tiene un precio: sí, puedes llevar 200 vatios en la mano, pero también tendrás que vigilar el calor, los cables y ese adaptador que parece sacado de una central eléctrica.
Eso sí, a nivel de uso real no hay mucho que reprochar. El haz es uniforme, el control por Bluetooth responde con decencia y la montura estándar permite usar los accesorios Zhiyun o Bowens sin dramas. En sesiones pequeñas, entrevistas o shootings rápidos, es una delicia: conectas, ajustas temperatura y listo. Y si el cliente pregunta “¿qué foco es ese tan pequeño?”, la sonrisa viene sola.
El problema aparece cuando lo comparas con su propio hermano menor, el Molus G200, o con luces competidoras como las de Amaran o Godox. Zhiyun parece decidido a demostrar que la potencia es el nuevo lujo, aunque en la práctica muchos usuarios no pasen del 60 % de brillo por miedo a derretir el trípode.
Un diseño que parece un accesorio de nave espacial
En la mano, el Molus X200 se siente sólido y caro, con ese aluminio rugoso que invita a creer que podría sobrevivir a una tormenta (o a un videógrafo despistado). El panel trasero es minimalista, con una pantalla pequeña pero legible, dos diales y un botón que da más placer táctil que muchos obturadores.
El sistema modular —cabezal separado de la fuente de alimentación— sigue siendo su mayor acierto: puedes colgar la caja de control del trípode o del cinturón y mantener el foco flotando como un satélite. En movilidad es un regalo; en estudio, un alivio.
Lo que sí sigue siendo un misterio es cómo Zhiyun consigue que el X200 RGB tenga casi la misma disipación de calor que el Bi-Color pese a generar el doble de dolores de cabeza a nivel de gestión energética. A veces parece que los ingenieros trabajan más en callar a los ventiladores que en subir lúmenes.
El futuro es brillante (y un poco ensordecedor)
Con los Zhiyun Molus X200, Zhiyun ha dejado claro que no se conforma con iluminar: quiere liderar la revolución del “power to weight ratio” en el mundo de los LED. Y lo hace con descaro, con una mezcla de ingenio, diseño industrial y ese puntito de arrogancia tecnológica que, admitámoslo, nos encanta.
No todo es perfecto: el precio duele, el consumo asusta y el zumbido del ventilador sigue recordándote que la física tiene límites. Pero el resultado es tan potente y flexible que cuesta no enamorarse un poco. Es el tipo de luz que convierte cualquier habitación en un set y cualquier rodaje improvisado en un acto de fe lumínica.
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.