Fujifilm X100VI Review: un año después, sigue oliendo a hype (pero maldita sea, funciona)

por Pedro Gamo

No hay cámara más contradictoria que la Fujifilm X100VI. Lleva más de un año en la calle y sigue agotada en medio planeta. Una compacta APS-C de casi 1.800 €, con un objetivo fijo de 35 mm equivalentes y un diseño que parece sacado del cajón de tu abuelo. Y sin embargo, no hay manera de librarse de ella. Ni de las colas para comprarla, ni del runrún de “es la cámara con alma”.

Spoiler: el alma la pone quien la dispara. Pero la Fuji X100VI tiene algo que hace que incluso los cínicos (hola) sigamos usándola. Y eso, viniendo de una cámara que parecía otro refrito más de Fuji, es casi un milagro.

La hemos tenido en la mano desde el día que salió, y en este tiempo ha pasado de ser “el capricho bonito” a “la cámara que más usamos sin darnos cuenta”.

Tiene defectos, claro: cuesta cara, la batería es de chiste y sigue sin grabar vídeo de forma decente. Pero tiene ese intangible que no se mide con especificaciones: te hace querer fotografiar. Y eso, en 2025, vale más que diez modos IA de detección de gatos.

Fujifilm X100VI
La cámara que TikTok puso de moda y que muchos han terminado usando en serio. 40 MP, IBIS y ese color que sigue siendo medio adictivo. Ahora empieza a verse en tiendas… lo cual, hace unos meses, era casi ciencia ficción.

Diseño: el déjà vu más rentable del mundo

Cada vez que Fuji presenta una X100 nueva, hay alguien que dice “es igual que la anterior”. Y cada vez, todos la compran igual.

La Fujifilm X100VI mantiene el mismo cuerpo, el mismo 23 mm f/2 y los mismos diales que la V. O sea: todo lo que funcionaba. Solo han añadido unos gramos de músculo para meterle estabilizador y un par de bisagras nuevas para la pantalla. Revolucionario, lo justo.

Y ¿sabéis qué? Bien hecho. Porque cambiar algo aquí habría sido como meterle leds a un Leica.

El diseño sigue siendo una joya: metálico, sobrio, con el suficiente peso para que se sienta seria sin parecer un ladrillo.

No hay modo selfie, no hay empuñadura gamer, no hay pantallita tonta en el frontal. Es una cámara que te mira y dice: o sabes usarla, o vete a por una Instax.

Eso sí: sigue sin ser completamente sellada si no le pones el adaptador frontal. Un clásico de Fuji, eso de dejarte un tornillo suelto para venderte el accesorio aparte.

Sensor y rendimiento: 40 megapíxeles para fardar, 23 mm para vivir

Sí, ahora son 40 megapíxeles. Y sí, el 23 mm f/2 es el mismo de siempre.

En teoría, esa combinación debería sacar más defectos que virtudes, pero la realidad es otra: la óptica aguanta el tipo con dignidad y los archivos RAW tienen una textura que muchos sensores full frame envidiarían.

El IBIS (estabilizador en el cuerpo) funciona. No es magia, pero te salva tomas a 1/4 s como si nada.

Y el obturador central sigue siendo una delicia: cero vibración, cero ruido. Perfecto para la calle, para retratos discretos o para esas fotos en las que no quieres llamar la atención mientras fijas la mirada en un desconocido durante tres segundos incómodos.

Los colores Fuji… qué decir. Siguen vendiendo cámaras más por nostalgia cromática que por innovación, y les sale bien. Entre el Classic Chrome, el Acros y el nuevo Reala Ace, tienes media vida resuelta. Y sí, los JPG salen tan bien que da pereza abrir Lightroom.

Enfoque, ergonomía y otras pequeñas frustraciones

El enfoque por IA detecta caras, ojos, animales, coches y probablemente tu autoestima.

Funciona mejor que en la Fujifilm X100V, aunque sigue teniendo momentos de duda existencial cuando la luz baja o el sujeto se mueve como persona viva.

Pero da igual: esta cámara no se compra para hacer seguimiento de pájaros, se compra para cazar momentos. Y en eso, sigue siendo una bestia.

El visor híbrido es esa genialidad que nadie copia porque cuesta dinero y neuronas.

Poder pasar del óptico al electrónico con una palanquita sigue siendo el gesto más satisfactorio del mundo Fuji. La mitad del tiempo no lo usas, pero cuando lo haces, recuerdas por qué te enamoraste de la fotografía.

Los diales… esos diales. Velocidad, ISO, compensación y diafragma en su sitio. Sin menús, sin submenús, sin pantallitas táctiles de astronauta. La Fuji X100VI no se usa, se maneja. Como un instrumento.

Fujifilm X100VI
La cámara que TikTok puso de moda y que muchos han terminado usando en serio. 40 MP, IBIS y ese color que sigue siendo medio adictivo. Ahora empieza a verse en tiendas… lo cual, hace unos meses, era casi ciencia ficción.

En la calle: invisible, irresistible y adictiva

Si hay un lugar donde la Fujifilm X100VI demuestra de verdad su personalidad, es en la calle.

Allí, entre gente, ruido y luces feas, es cuando entiendes por qué medio planeta se la cuelga incluso sin saber qué es un obturador central.

No llama la atención, y eso es precisamente lo que la hace irresistible. Nadie te mira raro, nadie se aparta, y en lugar de gestos de incomodidad obtienes curiosidad, incluso sonrisas. La cámara entra en escena con la sutileza de un cuaderno de notas.

El obturador mecánico es tan silencioso que podrías hacer una foto en una biblioteca y lo único que se oiría sería tu respiración. A veces tan inaudible que dudas de si has disparado o solo lo has imaginado.

Su tamaño ayuda, su peso también. Es esa cámara que no da pereza cargar, la que te acompaña al café, al paseo o a la esquina donde crees que va a pasar algo. Y, sin que te des cuenta, acabas disparando más con ella que con cualquier otra.

Después de un año, lo curioso es que todavía provoca algo de fascinación en quien la ve. La gente te pregunta qué modelo es, si es de carrete, si “todavía se fabrican de esas”. Y ahí está la clave: en un mundo lleno de pantallas que gritan megapíxeles, la Fuji X100VI susurra fotografías.

Cosas que siguen sin tener perdón

A estas alturas, podríamos perdonarle casi todo a la Fujifilm X100VI, pero hay detalles que, por mucho romanticismo que le pongas, siguen sonando a dejadez.

La batería, por ejemplo. No importa lo que diga la ficha técnica: sigue siendo corta. Tres o cuatro horas de calle y ya estás buscando un enchufe o una batería extra. No es drama, pero tampoco es digno de una cámara de este precio.

Tampoco ayuda el eterno escondite del modo vídeo, oculto en ese menú Drive como si Fuji quisiera fingir que la cámara no graba. Y hablando de negar la realidad: eso de que el cuerpo “está sellado” pero necesitas un adaptador frontal para completar la estanqueidad suena a chiste interno de la marca.

Y luego está la disponibilidad. Un año después, sigue siendo más fácil encontrar un unicornio que una Fuji X100VI en stock. No sé si Fuji busca misticismo o simplemente le ha pillado el toro, pero esa sensación de cámara secreta que solo unos pocos consiguen tener ya roza lo cómico.

Pero bueno, así es la Fujifilm X100VI: un producto que te cabrea y te conquista a la vez. Una cámara con más personalidad que muchas marcas enteras. La amas, la maldices y, mientras tanto, no la sueltas.

Vivir con la Fujifilm X100VI: cuando la cámara deja de ser un objeto

Con la Fuji X100VI pasa algo raro. Durante los primeros días la tratas con cuidado, como ese juguete caro que no quieres rayar. La sacas poco, disparas mucho a cosas que no importan, y juras que no vas a caer en la trampa del “modo Fuji lifestyle”. Dos semanas después, te descubres fotografiando el vapor del café, la sombra del cable del cargador o cualquier cosa que tenga una textura decente. La cámara te convierte en ese tipo de persona que observa demasiado.

No porque sea mejor cámara, sino porque tiene un ritmo distinto. Es lenta en el buen sentido. No dispara ráfagas infinitas, ni te permite esconderte detrás de la pantalla articulada. Te obliga a mirar de verdad, a usar el visor, a componer con intención. Esa limitación, que muchos confunden con romanticismo, es lo que hace que sigas saliendo con ella cada día.

Después de meses, deja de ser un gadget y se vuelve casi una costumbre. Una extensión natural del bolsillo, de la muñeca o de la manera en que miras. Empieza a acumular marcas, a oler a calle y a piel. Y eso es lo que ninguna ficha técnica puede reflejar: el vínculo. Porque al final, la Fujifilm X100VI no se compra por lo que hace. Se compra por lo que te hace hacer.

Fujifilm X100VI
La cámara que TikTok puso de moda y que muchos han terminado usando en serio. 40 MP, IBIS y ese color que sigue siendo medio adictivo. Ahora empieza a verse en tiendas… lo cual, hace unos meses, era casi ciencia ficción.

Nota final y valoración de la Fujifilm X100VI

NOTA FINAL Y VALORACIÓN
9.1

La Fujifilm X100VI sigue siendo la cámara más emocionalmente cara del mercado. No es perfecta, ni falta que le hace. Pero después de un año en la mochila, queda bastante claro que una compacta con personalidad pesa más que muchos cuerpos full frame con más cifras que intención. Es la cámara que te obliga a mirar distinto… aunque sea para justificar haber pagado 1.800 € por una batería que dura lo que dura.

Calidad de imagen9.5
Óptica 23 mm f/29.0
Color y simulaciones10
Autofoco8.5
Construcción9.3
Visor híbrido9.8
Estabilización8.8
Autonomía6.0

En conjunto, la X100VI hace lo mismo que siempre ha hecho esta serie: brillar donde importa y no molestarse demasiado en arreglar lo demás. No es una cámara racional, y probablemente por eso funciona. Porque cuando todo empieza a parecer demasiado perfecto, algo así sigue teniendo sentido.

Nota final: 9.1 / 10 · Una cámara que no intenta gustar a todo el mundo… y por eso engancha.
Fujifilm X100VI
La cámara que TikTok puso de moda y que muchos han terminado usando en serio. 40 MP, IBIS y ese color que sigue siendo medio adictivo. Ahora empieza a verse en tiendas… lo cual, hace unos meses, era casi ciencia ficción.

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