Sony RX1R III: bienvenido a 2025, donde por 4.900 euros no puedes ni cambiar de óptica

por Pedro Gamo

Sony ha decidido que lo de sacar cámaras con sentido ya aburre. Así que ha cogido el sensor de 61 megapíxeles de la A7R V, le ha soldado un 35 mm f/2 de Zeiss, lo ha metido todo en un cuerpo de magnesio del tamaño de una compacta… y lo ha llamado Sony RX1R III. Y no, no es una reedición nostálgica: es una nueva vuelta de tuerca a una de las cámaras más peculiares, elitistas y cabezonas que han pasado por el catálogo de la marca.

Once años después de la RX1 original, el concepto sigue siendo el mismo: una cámara que te obliga a adaptarte a ella, no al revés. Óptica fija, sin estabilizador, sin zoom, con una batería que no rompe récords, y con un precio que sí lo intenta. Pero ojo: dentro lleva lo último de Sony en enfoque por IA, disparo RAW con recorte digital entre 35, 50 y 70 mm, y vídeo 4K 60p 10-bit. Es decir, tiene toda la tecnología del presente, empaquetada con la cabezonería de hace una década.

¿Tiene público esta cámara? Ya veremos. ¿Tiene personalidad? Toda. ¿Tiene lógica? Cero, pero eso ya lo sabías antes de llegar hasta aquí.

Sensor de 61 MP en un cuerpo de bolsillo (literal)

Sony ha metido en este minúsculo rectángulo negro el sensor Exmor R full frame de 61 MP, el mismo que ya conocemos de la A7R V. Un sensor retroiluminado, sin filtro de paso bajo, con revestimiento antirreflejos y más resolución de la que tu portátil sabrá procesar. La idea es clara: tener una cámara del tamaño de un yogur que dispara como una bestia.

Y sí, con esa cantidad de píxeles, el rolling shutter está invitado a la fiesta, así que cuidado con mover mucho la muñeca.

Sony RX1R III
61 MP, sensor full frame, óptica Zeiss f/2 fija y un cuerpo tan pequeño como tu paciencia cuando te hablan de recorte APS-C. La RX1R III no es para todo el mundo: solo para quien está dispuesto a hipotecarse por una compacta… y presumirlo.

Zeiss 35 mm f/2 fijo: el bueno, el feo y el macro

Aquí no hay zoom, ni posibilidad de cambio, ni f/1.2 para presumir en Instagram. Hay un 35 mm f/2 firmado por Zeiss, optimizado para esta tercera generación y con modo macro integrado que permite enfocar desde 20 cm. ¿Magnificación máxima? 0,26x. ¿Nitidez? Tendremos que verla, pero todo apunta a que la óptica sigue siendo lo suficientemente buena como para aguantar el tipo frente a los 61 megapíxeles.

Además, Sony ha metido su nueva función Step Crop Shooting, que permite simular focales de 50 y 70 mm con recorte interno (y luego recuperar el encuadre completo en RAW). ¿Recorte digital? Sí. ¿Bien implementado? También. Lo llaman creatividad, no recorte cobarde.

Autofoco con IA: ve más que tú, enfoca mejor y no se queja

El sistema de enfoque no es ninguna reliquia reciclada: viene directo del catálogo Alpha más pro. 693 puntos por detección de fase, cubriendo el 78 % del encuadre, procesador BIONZ XR y una unidad de IA que reconoce todo lo que se menea: ojos, caras, cuerpos, animales, vehículos… e incluso sujetos que no te soportan pero siguen en plano.

Funciona igual de bien en foto que en vídeo, y es tan preciso que da rabia. Lo único que no hace, de momento, es decirte que esa foto ya la hiciste el mes pasado, igual de mal encuadrada. Pero tiempo al tiempo.

Cuerpo de magnesio, pantalla inclinable, visor digno

La Sony RX1R III no es una reedición con grip vintage ni una cámara hipster: es un ladrillo elegante de aleación de magnesio, con diales embutidos en la parte superior y un diseño limpio, casi demasiado. El visor electrónico es un XGA OLED de 2,36 millones de puntos, fijo (por fin) y con ampliación de 0,70x. No se esconde, no se rompe, no se retrae. Bien.

La pantalla también mejora respecto a generaciones anteriores: ahora es LCD inclinable. Ahora es táctil pero no giratoria, pero al menos ya no tendrás que reventarte las cervicales para disparar a ras de suelo.

Grabación de vídeo: 4K 60p sin recorte, pero con letra pequeña

No, no es solo para hacer fotos: la Sony RX1R III graba vídeo en 4K 60p, sobremuestreado desde 6K, y permite capturar en 10-bit 4:2:2. ¿Perfil S-Log3? No. ¿Creative Looks personalizables? Sí, con 12 estilos, incluidos FL2 (colores apagados estilo película caducada) y FL3 (colores saturados como un domingo de resaca). Ideal para los que aún graban sin LUTs y con estilo.

El gran enemigo aquí sigue siendo el rolling shutter, que con este sensor es casi inevitable, y la ausencia de estabilizador óptico. Aquí se graba como en los 90: despacito y con trípode.

Tabla de especificaciones de la Sony RX1R III

SensorFull Frame 61 MP BSI Exmor R CMOS (sin filtro AA)
ProcesadorBIONZ XR + unidad de IA
ÓpticaZeiss Sonnar T* 35 mm f/2 con modo macro (0,26x)
AF693 puntos PDAF, cobertura del 78 %, con IA
RáfagaHasta 8 fps
Vídeo4K 60p 10-bit 4:2:2 (sobremuestreado desde 6K)
Creative Looks12 estilos incluidos FL2 y FL3
VisorOLED XGA fijo, 2,36 M puntos, ampliación 0,70x
PantallaLCD inclinable, no táctil
EstabilizadorNo
BateríaNP-FW50, hasta 300 fotos, carga por USB-C PD
Peso515 gramos
Sony RX1R III
61 MP, sensor full frame, óptica Zeiss f/2 fija y un cuerpo tan pequeño como tu paciencia cuando te hablan de recorte APS-C. La RX1R III no es para todo el mundo: solo para quien está dispuesto a hipotecarse por una compacta… y presumirlo.

Epílogo para masoquistas fotográficos

La Sony RX1R III no es una cámara lógica. Ni equilibrada. Ni amable. Es una cámara con exigencias. De las que no perdonan errores, ni encuadres torcidos, ni manos temblorosas. Y, desde luego, no está diseñada para hacerte la vida fácil. De hecho, si buscas ergonomía, versatilidad o algo parecido a un botón de “modo automático para humanos”, huye.

Pero si te va ese punto masoquista de cargar con una cámara de casi 5.000 euros que no puedes personalizar, ni estabilizar, ni ampliar con ópticas intercambiables, es probable que esta sea tu alma gemela. Aquí no hay justificaciones, ni promesas vacías de “lleva tu creatividad al siguiente nivel”. Aquí hay una óptica fija, un sensor gigantesco y la obligación de saber lo que estás haciendo. Cada vez que levantas el visor, te estás enfrentando a una especie de prueba de fuego estética y técnica.

Es una cámara que no perdona el postureo, pero tampoco perdona al que no se la toma en serio. Que exige compromiso, atención y probablemente una segunda batería siempre encima. Pero si encajas en ese perfil raro —fotógrafo callejero con cuenta corriente saludable y espíritu de francotirador—, lo mismo aquí encuentras tu sitio.

Porque hay muchas cámaras que hacen buenas fotos. Pero muy pocas que te hagan sentir que cada disparo cuesta algo más que un clic. Y esta, por desgracia y por fortuna, es una de ellas.

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