Sigma 30mm f1.4 para Fujifilm X: sí, Sigma también se acuerda de ti

por Pedro Gamo

Durante años, ser usuario de Fujifilm X era como tener una bicicleta muy mona con ruedas de repuesto en forma de objetivos de terceros. Ni estaban ni se les esperaba. Y mientras tanto, todos babeando con el Sigma 30 f1.4 en otras monturas y rezando (sin fe) por un milagro óptico made in Aizu.

Pues bien, la espera ha terminado, aunque con más años encima que algunos Fujinon maltratados por la humedad. Sigma ha desembarcado por fin con su trío APS-C luminoso de confianza: 16, 30 y 56 mm, todos a f1.4, todos baratitos, y todos con ese aire de “te vas a pensar dos veces si pagar el doble por un WR de Fuji que enfoca peor”.

Este 30 mm en concreto llega para tocarle las narices a toda la línea de Fujinon 35: desde el f1.4 vintage con alma de poeta hasta el XF 33 f1.4 WR que va de moderno y profesional. Y lo hace con argumentos: un tamaño comedido, buena construcción, enfoque automático decente y un precio que no exige hipotecar el riñón izquierdo. ¿La calidad de imagen? Paciencia, que ahora viene lo divertido.

Video análisis del Sigma 30 f1.4

Tabla de especificaciones

Montura Fujifilm X
Formato APS-C
Focal 30 mm (equivalente a 45 mm)
Apertura máxima f1.4
Apertura mínima f16
Construcción óptica 9 elementos en 7 grupos
Lentes especiales 2 elementos asféricos
Diafragma Redondeado, 9 palas
Distancia mínima de enfoque 30 cm
Magnificación máxima 0.14x
Ángulo de visión 50,7º
Tamaño de filtro 52 mm
Sellado Sí (solo en la bayoneta)
Peso 265 g
Sigma 30mm f1.4 DC DN
¿Te encanta el 35 f1.4 de Fuji pero no te mola que su enfoque suene como un tractor viejo? Pues aquí tienes la versión japonesa sin nostalgia y por un tercio del precio.

Características técnicas del Sigma 30 f1.4 para Fujifilm X

Si algo ha sabido hacer Sigma en esta serie es meter un f1.4 en un cuerpo que no parece una cantimplora de senderista. Este 30 mm mide apenas 7 centímetros de largo (parasol incluido si no lo sacas a pasear con orgullo) y pesa unos humildes 265 gramos. Lo justo para no descompensar una Fujifilm X-S10 ni necesitar un gimbal de acero forjado.

Por dentro, la historia es un poco más modesta que en el Sigma 16 f1.4, con una construcción óptica de 9 elementos en 7 grupos, incluyendo 2 lentes asféricas. No hay milagros de la ingeniería cuántica, pero sí lo suficiente para justificar el precio y presumir de algo más que plástico.

El diafragma, formado por 9 palas redondeadas (ya casi estándar en cualquier cosa que quiera sonar “pro”), asegura un bokeh decente sin necesidad de invocar a San Helios. Y como toque final, un enfoque automático con distancia mínima de 30 centímetros que viene bastante bien si te da por retratar tazas de café con pretensiones artísticas. Ah, y filtro de 52 mm. Barato, fácil de encontrar y compatible con todos esos filtros ND de Amazon que nunca terminan de encajar del todo.

Sellado: lo justo para que no entre un huracán por la bayoneta

No, no es un objetivo WR ni lo vas a mojar con total impunidad como si fuera una zapatilla de trail. Pero al menos el Sigma 30 f1.4 para Fujifilm X viene con un sellado en la bayoneta metálica, lo suficiente para evitar que entre polvo o humedad directa hasta el cuerpo de la cámara. Vamos, lo mínimo exigible para que no te entren hongos solo por respirar cerca del mar.

¿Es esto un sellado de verdad? Bueno, depende de lo que entiendas por “sellado”. Si lo tuyo es sacar la cámara con niebla espesa, lluvia ligera o ese clima rancio que tenemos en el norte media vida, al menos te quedarás algo más tranquilo. No es un WR de verdad como los de Fujifilm, con juntas por todo el cuerpo y promesas de supervivencia en el desierto de Atacama. Pero al menos Sigma no ha pasado olímpicamente del tema.

En resumen: no es una óptica todoterreno, pero tampoco es una invitación a que le entre mugre por todos lados. Si no haces el cafre, cumple. Si haces el cafre… bueno, igual te lo has buscado.

Ergonomía y uso: no pesa, no molesta, y casi ni lo notas

Montado en una Fujifilm X-S10, este Sigma 30 f1.4 se siente como en casa. Ni descompensa, ni abulta, ni te obliga a andar ajustando correas como si llevaras un tele de kilo y medio. Son 265 gramos muy bien llevados que hacen que el conjunto se mantenga ágil, equilibrado y bastante cómodo incluso tras horas de paseo urbano o sesiones de retrato improvisadas. Un combo que podrías llevar colgado todo el día… si no fuera porque en algún momento hay que comer.

Ahora bien, puristas de los diales, preparaos para otra bofetada emocional. Porque este objetivo —como sus hermanitos— viene sin aro de diafragma. Sí, ya lo sabías, pero duele igual. Toca ajustar desde los controles de la cámara, como si esto fuera una Sony. ¿Funciona igual? Sí. ¿Pierde esa esencia “manual-cool” de Fujifilm? También. No te rompe la vida, pero es un pequeño sacrificio para abaratar costes.

En la mano, eso sí, el objetivo transmite muy buenas sensaciones. El acabado de plástico tiene ese punto gomoso que ni resbala ni chirría. Todo se siente compacto, sólido y bastante mejor de lo que uno esperaría por el precio. No da la sensación de juguete barato, sino de herramienta bien montada. No es metal, pero tampoco un chicle mal endurecido. Y eso, hoy en día, ya es decir mucho.

¿Un objetivo para todo? Pues casi.

Las focales normales tienen ese encanto de lo cotidiano: no impresionan a nadie, pero sirven para casi todo. Entre los 35 y los 50 mm se mueve la crema de los objetivos todoterreno, y este Sigma 30 f1.4, con su equivalencia de 45 mm en APS-C, cae justo en ese punto dulce en el que la perspectiva no deforma, pero tampoco aburre. Lo que ves es, más o menos, lo que hay. Y a veces, eso es justo lo que necesitas.

Por eso es una opción tan apetecible para los fotógrafos callejeros, viajeros sin trípode y retratistas con prisas. Es lo suficientemente angular como para captar una escena completa sin alejarte como un ninja, pero también lo bastante cerrada para aislar sujetos sin necesidad de convertir el fondo en una sopa de píxeles. Y con un f1.4 de por medio, la luz deja de ser una excusa.

¿Sirve para paisaje? Sí. ¿Para retrato? También. ¿Para callejeo? De cabeza. ¿Para macro? Bueno… no pidamos milagros. Pero en resumen: si solo puedes llevar un objetivo en la mochila y no quieres lamentarlo a mitad de ruta, este Sigma 30 te puede salvar el día sin dejarte el sueldo. Y eso ya es decir mucho.

Sigma 30mm f1.4 DC DN
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Calidad de imagen del Sigma 30 f1.4 para Fujifilm X

Cuando un fabricante te planta un f1.4 en el frontal, uno espera que no sea puro postureo. Que no sea solo para fardar en las fichas técnicas. Pero este Sigma 30 f1.4… bueno, digamos que lo intenta. Y con ganas. Aunque se tropiece un poco por el camino.

Disparar a f1.4 con este objetivo es como llevar zapatos nuevos en una boda: quedan bien, pero sabes que algo va a rozar. En el centro, la calidad es decente, incluso buena, pero no esperes un alarde de nitidez quirúrgica. Ahora bien, en los bordes, la cosa se viene abajo: hay una especie de niebla suave, como si alguien hubiese pasado un dedo por el sensor antes de disparar. Lo justo para que si haces paisajes o arquitectura con obsesión por las esquinas, empieces a rascarte la cabeza.

Al cerrar a f2, la historia mejora bastante. El centro se espabila, los bordes despiertan de la siesta y la imagen empieza a parecerse a lo que esperábamos desde el principio. Aquí ya puedes usar el objetivo sin poner excusas en las sobremesas.

Pero si de verdad quieres que este 30mm saque pecho y se gane el sitio en tu mochila, tienes que plantarte en f5.6. Es ahí —y hasta f8— donde este Sigma rinde de verdad. Nitidez de esquina a esquina, buen contraste, todo en orden. Eso sí, para llegar ahí tienes que renunciar al f1.4 que tanto te vendieron.

Así que sí, puedes usarlo abierto del todo. Y sí, el desenfoque es bonito. Pero si buscas resultados serios y homogéneos, más te vale dejar el f1.4 para fardar por Instagram y disparar como si tuvieras algo que demostrar: a f5.6 o nada.

Aberración cromática

Lo justo sería decir que un 30 mm f/1.4 no debería dar guerra con las aberraciones cromáticas. Pero el Sigma, en vez de seguir el guion, decide improvisar. Y no lo hace con elegancia. A máxima apertura, las franjas de color se pasean por la imagen como Pedro por su casa.

Basta con apuntar hacia un árbol contra el cielo o cualquier escena con contraste fuerte y zas: ahí tienes tu línea morada, tu borde verde, o ese toque rosa que parece más propio de un filtro de TikTok que de un objetivo serio. Y no hablamos de un efecto sutil: en algunas fotos el nivel de colorines indeseados es lo suficientemente evidente como para distraer del sujeto.

¿Solución? Pues la de siempre: disparar en RAW y cruzar los dedos con el revelado. Aunque la forma más efectiva (y aburrida) es hacer lo que no querías hacer: cerrar el diafragma. A partir de f/4 la cosa se empieza a calmar, y en torno a f/5.6 ya respiras tranquilo. Pero claro, ya no estás usando ese f/1.4 por el que pagaste.

Así que sí, puedes tener el bokeh bonito… pero también unos bordes de unicornio fluorescente que ni en los dibujos animados.

Control del viñeteo

Uno pensaría que un 30 mm en APS-C no tiene motivos para viñetear, pero el Sigma 30 f/1.4 prefiere llevarnos la contraria. Porque claro, si no hay un poco de oscuridad en las esquinas, ¿qué clase de look cinematográfico vas a tener?

A f/1.4, el viñeteo es bastante evidente. No hace falta ser muy quisquilloso: abres el RAW y ahí están esas esquinas mustias, con una caída de luz que ronda los 2 pasos. Vamos, que si estabas disparando con cielo plano o paredes blancas, te vas a enterar rápido.

¿La solución? Pues la de siempre: cerrar el grifo. A partir de f/4 la situación mejora considerablemente, y ya no parece que hayas puesto un filtro de Instagram sin querer. Eso sí, para muchos será más un detalle estético que un problema real, porque el viñeteo tiene su punto… siempre que no parezca un eclipse parcial.

¿Ideal? No. ¿Esperable en un objetivo de este precio? También. ¿Molesto? Depende de cuánto te molesten los bordes dramáticos no deseados.

Efecto Flare

Uno de los mayores dramas al disparar contra el sol —además del riesgo de freír el sensor y tu retina— es enfrentarse a los temidos flares, esos destellos que a veces quedan artísticos… y otras, como un accidente nuclear en la esquina del encuadre.

En el caso del Sigma 30 f1.4 para Fujifilm X, podemos respirar tranquilos: los flares están sorprendentemente bien controlados. Puedes apuntar alegremente a farolas, escaparates navideños o soles de justicia, y el objetivo no se viene abajo como otros de su gama.

¿Aparecen destellos? Claro, esto no es magia negra ni un Zeiss Otus de 3.000 pavos. Pero no hay franjas de color psicodélicas ni halos internos de vergüenza ajena, y eso ya es bastante. De hecho, los destellos que surgen son suaves, contenidos y, si me apuras, hasta agradables si sabes jugar con ellos.

Lo que no vas a tener es que borrar chispazos violetas tamaño Saturno en postproducción, lo cual siempre se agradece. Aplauso (contenido) para Sigma en este apartado.

Distorsión

¿Te gusta la fotografía de arquitectura? Pues prepárate para ver líneas rectas que parecen diseñadas por Gaudí en su etapa más borracha. Porque sí, el Sigma 30 f1.4 para Fujifilm X tiene distorsión de barril. No dramática, pero sí lo bastante evidente como para que salte a la vista al abrir cualquier RAW sin corrección.

No es que el objetivo se convierta en un ojo de pez salvaje, pero las líneas se curvan con una alegría que no esperábamos en una focal normal. Especialmente si apuntas hacia edificios, interiores o cualquier cosa que no sea un campo de margaritas desenfocado.

¿La buena noticia? Los perfiles de corrección en Lightroom y Capture One hacen su trabajo con eficacia quirúrgica. El problema es el de siempre: esa corrección tan mágica viene con peaje. Recorte automático, pérdida de resolución en los bordes y un pequeño lamento por cada píxel que se sacrifica en el altar de la geometría recta.

¿Solución? Aceptar que ningún objetivo es perfecto. Y que la arquitectura puede esperar… o pasar por quirófano RAW.

Bokeh: bonito, suave y casi mágico (pero no del todo)

Uno compra un f1.4 con la ilusión de emborronarlo todo y quedar como un artista. Y lo cierto es que el Sigma 30 f1.4 cumple con nota en este apartado, gracias a una combinación que funciona: enfoque a solo 30 cm, un diafragma de 9 palas redondeadas y esa apertura generosa que tanto gusta en Instagram.

El desenfoque es suave, agradable y con buena separación figura-fondo, de los que no distraen ni crean doble contorno raro. Los degradados cromáticos fluyen como si todo lo rodaras en una peli de Wes Anderson (pero sin el presupuesto ni el estilismo, claro).

Ahora bien, quien haya probado el Fujinon XF 33 f1.4 o el XF 35 f1.4 sabrá de lo que hablamos cuando decimos “bokeh de verdad”. Porque por muy bien que lo haga este Sigma, los Fuji originales siguen un paso por delante: círculos más definidos, transición más suave, y ese no-sé-qué que hace que tus retratos parezcan más caros de lo que en realidad son.

Resumiendo: buen bokeh, sí. Pero si vienes buscando magia, igual toca rascarse un poco más el bolsillo.

Velocidad de enfoque

Aquí ya no estamos con un 16 mm donde el enfoque importa lo justo porque todo está más o menos enfocado desde que naces. No, con un 30 mm hablamos de una focal “normal” donde el enfoque importa, y mucho. Y por suerte, el Sigma 30 f1.4 responde bien.

Enfoca rápido, enfoca bien y además lo hace en silencio, lo cual es ideal si estás grabando vídeo o simplemente no quieres que tu objetivo parezca una cafetera exprés. En el día a día no hemos tenido ni cacerías ni pérdidas de foco, algo que no todos pueden decir.

¿Comparado con los Fujinon? Pues le da un repaso serio al viejo XF 35 f1.4, que sigue siendo un clásico con alma… y con motor de enfoque de hace dos décadas. También es más silencioso y no tiene esos titubeos de la óptica de Fuji. Eso sí, si lo pones frente al nuevo XF 33 f1.4 WR, ahí la cosa se ajusta: el de Fuji es más veloz y fino, aunque también más caro.

Conclusión: para el precio que tiene este Sigma, el enfoque es uno de sus puntos fuertes, sin excusas. Y no, no se lo debes a un firmware milagroso. Aquí Sigma ha hecho los deberes.

¿Qué alternativas hay al Sigma 30 f1.4 para Fujifilm X?

Si estás pensando en opciones distintas al Sigma, tranquilo: el catálogo de Fujifilm tiene para todos los gustos, bolsillos y niveles de nostalgia.

La más asequible (y con diferencia) es el Fujinon XF 35 f2 WR, o su primo pobre, la versión XC con montura de plástico. Compacto, ligero, sellado y con un enfoque rápido y silencioso, es el típico objetivo que no emociona, pero siempre cumple. Eso sí, mejor no lo uses a f2 esperando milagros, porque hasta f2.8 la cosa no empieza a estar decente. Pero claro, cuesta menos que un mes de gimnasio, así que algo tenía que tener.

Luego está el mítico, el venerado por los puristas: el Fujifilm XF 35 f1.4. Uno de los primeros de la familia X y que aún vive de las rentas. Tiene su rollo, sí, y ese “bokeh mágico” que todo el mundo repite como un mantra, pero también tiene un sistema de enfoque que parece sacado de la era de los disquetes. ¿Rinde? Sí. ¿Es rápido? No. ¿Te lo compras por nostalgia? Probablemente.

Y si quieres ir a por todas, el último en llegar es el Fujinon XF 33 f1.4 WR. Nuevo diseño, sellado contra el diluvio universal, enfoque rápido y una nitidez brutal desde f1.4. Eso sí, el precio también ha subido como si le hubiera afectado la inflación directamente. Pero si quieres lo mejor y no te importa pagar, este es el rival real del Sigma.

En resumen: el Sigma 30 f1.4 se planta justo en medio de todos ellos. Más barato que el 33 f1.4, más moderno que el 35 f1.4, y más resolutivo que el 35 f2. Tú decides si quieres magia, practicidad o equilibrio.

Sigma 30mm f1.4 DC DN
¿Te encanta el 35 f1.4 de Fuji pero no te mola que su enfoque suene como un tractor viejo? Pues aquí tienes la versión japonesa sin nostalgia y por un tercio del precio.

Nota final y valoración

Construcción - 8.9/10
Ergonomía - 9.4/10
Calidad - 8.7/10
Bokeh - 9.3/10
Distorsión - 8.7/10
Aberraciones cromáticas - 8/10
Flare - 9/10
Viñeteo - 8.5/10
Valor - 9.5/10

Resumen

Un objetivo polivalente, para paisaje, callejear, arquitectura, viajes, retrato. Pero que tiene una muy dura competencia en la montura de Fujifilm X.

👍 Pros

  • Gran calidad de construcción
  • Montura sellada
  • Gran control del flare
  • Buen sistema de enfoque

👎 Contras

  • Bordes blandos a f1.4
  • Aberraciones cromáticas
  • Distorsión
  • Viñeteo de 2 pasos
8.9/10
NOTA MEDIA

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