Samyang 14-24mm f/2.8 para L-Mount: llega con el despegue de la montura Leica

por Pedro Gamo

El Samyang 14-24mm f/2.8 en montura L no llega a un terreno vacío. Llega a un ecosistema donde ya existen opciones muy buenas, incluso excelentes, pero que muchas veces comparten el mismo problema: están diseñadas para rendir al máximo, no para convivir con ellas todos los días. Y esa diferencia, que sobre el papel parece menor, es la que termina marcando el uso real.

Porque cuando alguien se plantea un ultra gran angular para una Lumix S1R II o una Leica SL-3S, no está eligiendo solo entre objetivos. Está decidiendo cuánto peso quiere añadir, cuánto volumen está dispuesto a cargar y, sobre todo, si ese objetivo va a salir de la mochila más allá de ocasiones muy concretas.

Ahí es donde este Samyang 14-24 con su ligero peso empieza a tener sentido frente a objetivos bastante más potentes.

Comparado con Panasonic, Leica y Sigma: dónde cambia realmente la decisión

Si miramos dentro del propio ecosistema L-Mount, el primer rival lógico sería el Panasonic Lumix S 14-28mm f/4-5.6 o incluso opciones más ambiciosas como el Lumix S Pro 16-35 f4. Son objetivos muy bien construidos, con un rendimiento óptico muy bueno y un enfoque claramente profesional. El problema es que juegan en otra liga de tamaño y peso, y eso se nota desde el primer momento en el uso diario.

En el caso de Leica, alternativas como el Leica Super-Vario-Elmar-SL 16-35mm f/3.5-4.5 ASPH elevan aún más el nivel en construcción y acabado, pero también en precio y exigencia. Son ópticas pensadas para quien sabe exactamente lo que busca y no tiene problema en asumir todo lo que conlleva trabajar con ellas y pagar el precio del objetivo.

Sigma, por su parte, ofrece opciones muy interesantes como el Sigma 14-24mm f/2.8 DG DN Art, que probablemente sea la referencia más directa en cuanto a rendimiento puro dentro de L-Mount. Aquí sí hablamos de un objetivo que juega a maximizar la calidad óptica sin concesiones, pero a cambio vuelve a aparecer el mismo patrón: tamaño considerable y peso elevado.

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Por qué el tamaño y el peso acaban siendo más importantes que la ficha técnica

Cuando comparas estos objetivos sobre el papel, el Samyang sale perdiendo en varios apartados. No tiene el prestigio de Leica, ni el refinamiento óptico de Sigma, ni el equilibrio técnico de Panasonic en sus gamas más altas.

Pero cuando pasas del papel al uso, aparece otra variable que no se suele medir: la pereza de cargar con él.

Cuánto te cuesta sacar el objetivo, montarlo, llevarlo contigo durante horas o integrarlo en un equipo que ya de por sí no es pequeño. Y aquí, el Samyang juega con ventaja.

Porque es más ligero, menos aparatoso y menos exigente en general. Y eso hace que, en muchas situaciones, sea el objetivo que eliges sin pensarlo demasiado. La pregunta deja de ser cuál es mejor, y pasa a ser cuál usas más.

Si vienes de Sony E: qué cambia al pasar a L-Mount

Hay otra comparación interesante que aparece bastante en búsquedas, aunque no siempre se verbalice así: la de usuarios que vienen de Sony E y están acostumbrados a objetivos como el Sony FE 12-24mm f/2.8 GM o el Sony FE 16-35mm f/2.8 GM II.

El salto a la Montura L suele venir acompañado de una sensación bastante clara: todo es un poco más grande, un poco más pesado y, en muchos casos, más caro.

El Samyang 14-24mm encaja bastante bien como respuesta a esa transición, porque recupera parte de esa ligereza y esa sensación de equipo más manejable que muchos usuarios echan de menos al cambiar de sistema.

No es equivalente a las ópticas GM en términos de rendimiento absoluto, pero sí en algo que cada vez pesa más: la ligereza.

Cómo responde en paisaje, arquitectura y vídeo cuando lo usas de verdad

En paisaje, lo primero que notas no es la nitidez, es que puedes disparar sin pelearte con el objetivo. A 14mm tienes una cobertura muy amplia sin esa distorsión exagerada que obliga a corregir constantemente en edición, y el comportamiento general es bastante limpio para trabajar rápido. No es el objetivo que eliges para exprimir cada esquina al 200%, pero sí para salir a fotografiar sin estar pensando en si te va a fallar. Y eso, en campo, vale más que una mejora marginal en laboratorio.

En arquitectura, el límite aparece antes, y conviene decirlo claro. Las líneas se mantienen bien si no fuerzas demasiado la composición, pero en cuanto empiezas a exigir precisión real —interiores complejos, líneas críticas o trabajos más técnicos— se nota que no está al nivel de otras opciones como el Sigma. No es un problema si sabes lo que estás haciendo, pero tampoco es el objetivo que eliges para trabajos donde la geometría tiene que ser perfecta sin correcciones posteriores.

En vídeo, donde muchos 14-24mm se vuelven incómodos por tamaño o manejo, este se deja usar. Montado en una Lumix S5 II o incluso en una S1R II, el conjunto es bastante más equilibrado de lo habitual en este rango. El enfoque no da tirones raros y el peso permite trabajar a mano sin que todo se vuelva inestable a los pocos minutos. No es una lente de cine ni tiene ese carácter, pero para un uso híbrido real —viaje, contenido o trabajo ligero— encaja mucho mejor de lo que su ficha técnica deja ver.

La decisión real no es técnica: es cuánto lo vas a usar

Aquí no hay mucho misterio. Si estás comparando gráficos, curvas MTF o ampliaciones al 200%, este no es tu objetivo. Hay opciones mejores y no pasa nada por decirlo. El punto es otro.

Un 14-24mm de gama alta puede ser superior en casi todo, pero también es más grande, más pesado y más caro. Y eso tiene una consecuencia directa: lo usas menos. No es una teoría, es lo que pasa en la práctica con este tipo de ópticas.

Este Samyang 14-24mm no gana en rendimiento puro, pero sí en frecuencia de uso. Y eso, a medio plazo, pesa más que cualquier diferencia técnica que solo aparece en situaciones muy concretas.

Si tu trabajo depende de precisión absoluta, irás a por Sigma o Leica sin pensarlo.

Si lo que quieres es un ultra gran angular que realmente forme parte de tu equipo y no sea una pieza ocasional, este Samyang es una opción más coherente.

No es el mejor. Es el que más probabilidades tiene de estar montado en tu cámara cuando lo necesites.

Recomendación FFF

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