Ricoh GR IV HDF: cómo esconder un sensor de infarto tras un cristal borroso

por Pedro Gamo

Hay algo fascinante en la capacidad de Ricoh para mantener viva una cámara que, en cualquier otro segmento de la electrónica de consumo, ya estaría expuesta en un museo de arqueología digital. Pero cuidado, porque con la llegada de la Ricoh GR IV HDF no estamos ante un refrito de componentes obsoletos. Han metido bajo el capó el sensor BSI CMOS de 26 megapíxeles que comparte con la Sony A6700, una pieza de silicio que es, hablando en plata, la polla en cuanto a rendimiento y velocidad. El problema es que entramos en ese terreno pantanoso donde la ingeniería puntera se da la mano con el marketing de nicho para convencernos de que lo que realmente necesitábamos en 2025 era, precisamente, ver la vida un poco más borrosa.

No nos engañemos: la GR III ha sido la reina de la calle, pero se le empezaban a ver las costuras en la gestión del ruido y la agilidad. Ahora, con el nuevo sensor, la GR IV tiene potencia de sobra para merendarse a casi cualquier compacta del mercado. Pero el anuncio, centrado en el apellido HDF (Highlight Diffusion Filter), huele a estrategia de supervivencia para no canibalizar sus propios modelos. Mientras el resto del mundo se pelea por exprimir cada fotón de este nuevo sensor, Ricoh ha decidido que su gran innovación sea integrar un filtro físico que suaviza las luces altas. Porque, al parecer, tener la mejor tecnología de captación del momento solo sirve para que las farolas tengan un halo romántico pulsando un botón.

El sensor de la Sony A6700 frente a la obsesión por el "glow"

La gran novedad, esa que justifica que estemos gastando saliva y caracteres, es el dichoso filtro de difusión de altas luces. Ricoh ha decidido sacrificar el filtro de densidad neutra (ND) que incorporaban los modelos anteriores para colocar esta pieza de vidrio que promete «un aspecto cinematográfico». Es curioso que, en una era donde por fin montan un sensor que corta como un bisturí y rinde de escándalo en condiciones de luz críticas, la solución para renovar la cámara sea ponerle algo delante para que se vea menos definido. Es el equivalente fotográfico a comprarse un Ferrari para ir por un camino de cabras a 20 por hora porque «las vibraciones son más auténticas».

Lo sangrante del asunto no es el sensor —que es una delicia de 26 megapíxeles con una respuesta al ISO que ya querrían muchos—, sino que Ricoh sabe que tiene una parroquia fiel, casi religiosa, que compraría una caja de cerillas si llevara el logotipo GR grabado en el magnesio. Se están aprovechando de que el rendimiento del sensor es excelente para distraernos con un filtro de Instagram físico.

Cualquier fotógrafo que sepa de qué va esto preferiría que ese sensor de la A6700 viniera acompañado de un sistema de enfoque que no se lo pensara dos veces antes de decidir si quiere enfocar al sujeto o a la sombra que hay detrás. Implementar el HDF antes de garantizar un AF infalible con la potencia de proceso que ahora tienen es como ponerle un alerón a un tractor: estéticamente tiene su aquel, pero la prioridad debería ser otra.

Las asignaturas pendientes: polvo, vídeo y otras leyendas urbanas

Pero hablemos de lo que Ricoh prefiere omitir mientras presume de su nuevo sensor. Es casi heroico que en pleno 2025 sigamos hablando de una cámara de más de mil euros que se lleva tan mal con el polvo. Comprarse una GR como esta Ricoh GR IV HDF,  ha sido históricamente un acto de fe: sabes que, antes o después, una mota de polvo decidirá alojarse en ese sensor de 26 megapíxeles para arruinarte todos los cielos a f8.

Que esta cuarta generación no traiga un sellado climático digno de tal nombre, aprovechando que han rediseñado el interior, es una falta de respeto al fotógrafo de calle. Nos venden un filtro de difusión, pero el verdadero filtro que necesitamos es uno que impida que la cámara se convierta en una aspiradora de partículas cada vez que el objetivo se extiende.

Y luego está el tema del vídeo y la conectividad, ese rincón oscuro donde Ricoh parece haber detenido el reloj hace una década. Con el sensor de la A6700 en las manos, podrían haber hecho maravillas en vídeo, pero sospechamos que seguirá siendo un añadido testimonial, con un sistema de enfoque en modo grabación que entrará en pánico al menor movimiento.

Por no hablar de la aplicación para pasar fotos al móvil, esa pieza de software que parece diseñada para poner a prueba nuestra paciencia y recordarnos que, para Ricoh, la «experiencia pura» incluye la frustración de no poder compartir una imagen sin pelearte diez minutos con el Bluetooth.

Ricoh GR IV HDF
La compacta que sigue yendo a lo suyo: sensor APS-C, 28 mm fijo y un cuerpo que cabe en cualquier bolsillo sin pedir perdón. La Ricoh GR IV HDF no quiere gustar a todo el mundo. Quiere que la saques, dispares y no pienses demasiado.

La sombra de la X100VI: ¿Discreción o escaparate?

Es imposible ignorar la Fujifilm X100VI, el elefante blanco de Instagram con el que Ricoh compite en el tablero del deseo. Mientras Fuji apuesta por los 40 megapíxeles y un visor híbrido que es una joya técnica, Ricoh se atrinchera en la invisibilidad. Lo de Fuji es un producto barroco diseñado para gustar a todo el mundo; lo de Ricoh es un ejercicio de tozudez para puristas.

Pero cuidado: Fujifilm ha metido mucha tecnología en su cuerpo retro, y Ricoh, teniendo ahora un sensor que es la caña, decide que su respuesta competitiva es un filtro para que las luces brillen. Cuando la etiqueta del precio empiece a subir, costará defender que la discreción de Ricoh valga lo mismo que el despliegue de fuerza de la competencia.

La ergonomía de lo invisible y el precio de la exclusividad de la Ricoh GR IV HDF

Si algo hay que concederle a Ricoh es que no han destrozado lo que funciona. La Ricoh GR IV HDF mantiene esa ergonomía de «un solo dedo» que es la envidia de cualquier otra compacta que pretenda ser seria. Se siente sólida, discreta y honestaen su diseño. No hay pantallas articuladas que se rompan al primer golpe, ni diales innecesarios que se muevan solos en la mochila. Es una herramienta pura, despojada de cualquier adorno que distraiga de la acción de disparar. En ese sentido, la coherencia de la marca es absoluta: si no está roto, no lo toques; y si está viejo, dile que es «vintage».

El problema surge cuando miramos el calendario. Anunciar una cámara para principios de 2026 que no deja de ser una actualización cosmética es un ejercicio de fe. Ricoh juega con la escasez y con ese estatus de culto que rodea a la saga. Saben que las unidades volarán porque tener una GR es un símbolo de estatus entre fotógrafos que quieren demostrar que «sí saben de qué va esto». Es el postureo de la sencillez, una paradoja que solo esta marca es capaz de gestionar sin ponerse colorada.

Epílogo
El veredicto de la contradicción
La Ricoh GR IV HDF es la confirmación de que la fotografía de calle se ha vuelto un nicho de caprichos técnicos. Es una cámara con un corazón mecánico envidiable, probablemente el mejor sensor APS-C que se puede llevar en un bolsillo hoy en día, pero su presentación es una bofetada de realidad. Nos venden un filtro que podrías conseguir con un Black Mist de veinte euros y nos lo envuelven como si fuera la panacea, distrayendo la atención de lo que realmente importa: que por fin tenemos una GR con un sensor a la altura de las mejores.
Si tienes una GR III y te importa la calidad pura del archivo, el salto al sensor de 26 MP es el único argumento real para pasar por caja. Pero no te engañes: la magia no está en el filtro de difusión HDF, sino en ese sensor BSI que Ricoh ha decidido esconder tras un cristal empañado. Menos romanticismo de luces suaves y más sellado contra el polvo, señores de Ricoh. Porque tener la mejor tecnología de captación del mercado para acabar haciendo fotos "borrosas" por decreto es una ironía que ni Iker Morán sabría cómo explicar sin reírse.
Ricoh GR IV HDF
La compacta que sigue yendo a lo suyo: sensor APS-C, 28 mm fijo y un cuerpo que cabe en cualquier bolsillo sin pedir perdón. La Ricoh GR IV HDF no quiere gustar a todo el mundo. Quiere que la saques, dispares y no pienses demasiado.

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