La Lomography Sprocket Rocket lleva tanto tiempo en el mercado que ya ha sobrevivido a varias modas fotográficas, a la desaparición de buena parte de las compactas y a unas cuantas predicciones sobre la muerte definitiva de la fotografía analógica.
Mientras fabricantes enteros dedicaban recursos a sensores cada vez más rápidos, sistemas de enfoque más inteligentes y procesadores capaces de reconocer prácticamente cualquier cosa que aparezca delante del objetivo, Lomography seguía vendiendo una cámara panorámica cuyo principal reclamo consiste en fotografiar también los agujeros de la película.
Lo más sorprendente no es que siga existiendo. Lo verdaderamente sorprendente es que siga siendo interesante.
Ahora la marca presenta dos nuevos acabados para la veterana Lomo Sprocket Rocket, una excusa perfecta para volver a hablar de una de las cámaras más extrañas, cabezonas y divertidas que siguen formando parte del catálogo fotográfico actual.
Fotografiar los agujeros de la película y convertirlo en una característica
La Lomo Sprocket Rocket pertenece a esa categoría de cámaras que parecen haber sido diseñadas durante una conversación que empezó con un “sujétame el cubata”.
Porque la mayoría de fabricantes llevan décadas intentando ocultar las perforaciones de la película. Lomography decidió hacer exactamente lo contrario. En lugar de esconderlas, las convirtió en parte de la fotografía.
El resultado son imágenes panorámicas con una proporción cercana a 3:1 donde los famosos agujeros aparecen perfectamente visibles dentro del encuadre. Un detalle que para muchos fotógrafos tradicionales sería poco menos que un error de laboratorio y que aquí se presenta como una seña de identidad.
Lo curioso es que funciona. No porque aporte calidad técnica ni porque mejore la imagen. Funciona porque genera algo cada vez más difícil de encontrar: personalidad. En un momento donde miles de fotografías terminan pareciéndose sospechosamente entre sí, encontrarte una imagen donde las propias tripas de la película forman parte de la composición tiene algo refrescante.
Es una estética imperfecta, caótica y completamente innecesaria. Precisamente por eso resulta tan atractiva para quienes siguen disfrutando de la fotografía analógica.
Fujifilm Instax Mini Evo
Una cámara tan simple que parece diseñada para llevar la contraria
La hoja de especificaciones de la Lomo Sprocket Rocket ocupa menos espacio que el menú de configuración de cualquier cámara moderna.
Utiliza película de 35 mm, incorpora un objetivo fijo de 30 mm, permite elegir entre f/10.8 y f/16, dispara a 1/100 s y ofrece un modo Bulb para exposiciones largas. Tiene zapata para flash, rosca para trípode y no necesita baterías.
Y ya está.
No hay autofocus inteligente, ni algoritmos que analicen la escena antes de que pulses el disparador. Tampoco hay actualizaciones de firmware prometiendo solucionar dentro de seis meses lo que la cámara debería haber hecho bien desde el principio.
La Lomography Sprocket Rocket funciona exactamente igual que cuando apareció en 2011. Cargas un carrete, avanzas la película manualmente, eliges una distancia aproximada de enfoque y disparas. Después toca esperar.
Puede parecer una limitación. Y probablemente lo sea. Pero también obliga a fotografiar de una forma mucho más consciente que muchas cámaras modernas empeñadas en hacer prácticamente todo por el usuario.
Lo mejor es que Lomography ni siquiera intenta disfrazar estas limitaciones como innovación tecnológica. La gracia consiste precisamente en aceptarlas y jugar con ellas.
Mint Fusion y Strawberry Fusion: dos colores y una decisión bastante cuestionable
Las novedades de este año llegan en forma de dos nuevos acabados bautizados como Mint Fusion y Strawberry Fusion.
Mint Fusion combina tonos verdes suaves con detalles beige y resulta sorprendentemente elegante para una cámara que nació para fotografiar perforaciones de película. Tiene un aspecto limpio, agradable y bastante coherente con el espíritu desenfadado de la marca.
Luego está Strawberry Fusion. Y aquí entramos en terreno pantanoso.
Porque el nuevo acabado mezcla rosa pastel con amarillo intenso de una forma que recuerda sospechosamente a ciertos caramelos infantiles o a bebidas energéticas que probablemente deberían estar prohibidas por motivos estéticos. La propia prensa especializada ha dedicado más tiempo a discutir si es horrible o maravillosa que a hablar de las características de la cámara.
Lo cual seguramente significa que Lomography ha acertado de lleno. Al fin y al cabo, nadie compra una Lomo Sprocket Rocket buscando discreción.
Quince años después sigue demostrando que la perfección está sobrevalorada
Lo verdaderamente interesante no son los nuevos colores. Lo interesante es que esta cámara sigue aquí.
Quince años después de su lanzamiento, la Lomo Sprocket Rocket continúa ocupando un espacio que prácticamente nadie más intenta cubrir. Un espacio donde la fotografía no gira alrededor de la precisión, la resolución o la perfección técnica, sino alrededor de la experimentación.
La industria lleva años convenciéndonos de que cada nueva generación de cámaras debe resolver problemas cada vez más complejos. Más enfoque, más velocidad, más inteligencia artificial, más automatización.
La Lomography Sprocket Rocket parece responder a todo eso con una pregunta bastante sencilla: ¿y si simplemente nos dedicamos a divertirnos haciendo fotos?
Quizá por eso sigue ahí. Porque recuerda algo que a veces olvidamos entre especificaciones, comparativas y hojas técnicas interminables. Que una fotografía también puede ser imperfecta, imprevisible e incluso un poco tonta. Y que precisamente ahí suele empezar gran parte de la diversión.
Fujifilm Instax Mini Evo
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.