Las gaviotas vuelan más alto que la creatividad de la foto

Llevo varios minutos mirando esta fotografía y sigo pensando que las gaviotas son las únicas que tienen claro qué hacen aquí.

No lo digo porque sean especialmente espectaculares. Ni siquiera porque estén colocadas de una forma brillante dentro del encuadre. Lo digo porque el resto de elementos parecen haberse encontrado por casualidad. Hay un cielo interesante, unos edificios al fondo, una farola que intenta colarse en la conversación y un puñado de aves cruzando la escena mientras cada cosa parece ir por su lado.

Y es una pena porque la materia prima no era mala. De hecho, entiendo perfectamente por qué alguien decidió levantar la cámara. Yo probablemente también lo habría hecho. El cielo tenía carácter, había movimiento y la escena resultaba bastante más atractiva que la típica tarde gris que solemos encontrarnos la mayoría de los días.

Lo que ya no tengo tan claro es qué ocurrió después. Porque cuanto más tiempo paso observando la imagen, más me da la sensación de que el fotógrafo encontró una escena interesante pero nunca terminó de decidir qué era exactamente lo interesante de ella.

Cuando el cielo es más interesante que la fotografía

No creo que nadie vea esta imagen y empiece mirando los edificios. Ni la farola. Ni siquiera las gaviotas. Todo eso existe porque debajo de esas nubes tiene que haber algo, pero la realidad es que el cielo se lleva la fotografía por delante desde el primer segundo.

Y tampoco es difícil entender por qué. Tiene textura, profundidad y esa mezcla de luces y sombras que suele funcionar bastante bien cuando aparece sobre una ciudad. El problema es que cuanto más atractivo resulta el cielo, más empieza a sufrir todo lo que aparece debajo. Los edificios parecen anecdóticos, las gaviotas entran y salen de la escena sin terminar de asumir ningún papel importante y la fotografía empieza a depender demasiado de algo que el fotógrafo simplemente se encontró.

Mientras la observaba no podía quitarme una sensación de encima. Si lo más interesante de una fotografía sigue siendo exactamente lo mismo que llamó tu atención antes de sacar la cámara, probablemente todavía faltaba trabajo por hacer. Porque una cosa es encontrar un buen cielo y otra bastante distinta construir una buena fotografía alrededor de él.

Golpe de realidad
Las gaviotas tienen un destino.
La fotografía todavía lo está buscando.

Las gaviotas están presentes, pero nunca llegan a convertirse en protagonistas

Lo curioso de esta fotografía es que las gaviotas aparecen por todas partes y, al mismo tiempo, parecen no estar en ningún sitio. Las ves cruzando el encuadre, repartidas por el cielo, aportando cierta sensación de movimiento, pero cuesta recordar una sola de ellas cuando apartas la vista de la imagen.

Mientras la observaba tenía la sensación de que la fotografía quería apoyarse en ellas más de lo que realmente podía permitirse. Al fin y al cabo son el único elemento vivo de la escena. Son las únicas que podrían aportar algo parecido a una historia. Sin embargo, aparecen demasiado dispersas para construir una composición reconocible y demasiado pequeñas para asumir el protagonismo que la imagen parece necesitar desesperadamente.

Por eso acabé pensando que el título de la crítica era casi inevitable. Las gaviotas sobrevuelan la fotografía con bastante más rumbo que la propia imagen. Ellas saben perfectamente hacia dónde van. La fotografía, en cambio, parece quedarse dando vueltas alrededor de varias ideas distintas sin terminar de decidir cuál quiere contar.

Una composición que no termina de tomar decisiones

Hay fotografías donde la mirada sabe perfectamente dónde tiene que ir. Ocurre de forma casi automática. Entras en la imagen, encuentras el sujeto y a partir de ahí empiezas a explorar el resto. Aquí me pasó justo lo contrario. Durante bastante tiempo estuve saltando de un sitio a otro intentando averiguar qué era exactamente lo importante.

Primero me fui a las nubes. Luego a las gaviotas. Después a los edificios. Incluso la farola consigue llamar la atención durante unos segundos. El problema es que ninguno de esos elementos termina de imponerse sobre los demás. Todos parecen reclamar una pequeña parte del protagonismo y al final la fotografía acaba repartiendo demasiado la atención en lugar de concentrarla.

La sensación que me deja es la de una imagen que todavía no había terminado de decidir qué quería ser. Porque una composición no consiste únicamente en colocar cosas dentro de un encuadre. También consiste en renunciar. En decidir qué merece espacio y qué no. Y aquí tengo la impresión de que la fotografía intenta conservar demasiadas posibilidades abiertas al mismo tiempo. Lo suficiente para que ninguna termine de desarrollarse por completo.

Problema principal
Todo lo interesante de la imagen ya estaba allí.
Y eso suele ser una noticia bastante mala.

Una escena agradable que se agota demasiado rápido

Lo que más me llama la atención de esta fotografía es que funciona bastante bien durante los primeros diez segundos. La miras, recorres las nubes, sigues el vuelo de las gaviotas y disfrutas un poco de la atmósfera general de la escena. El problema es que después de esos diez segundos ya no queda mucho más por descubrir.

Y eso no tiene que ver con la complejidad. Algunas de las mejores fotografías del mundo son tremendamente simples. Tiene que ver con que aquí todo parece quedarse en la superficie. El cielo es interesante. Las aves aportan algo de movimiento. La ciudad sirve de contexto. Pero cuesta encontrar una idea que mantenga viva la fotografía una vez desaparece la primera impresión.

Mientras la observaba tenía la sensación de estar viendo una escena agradable antes que una fotografía memorable. Y no es lo mismo. Las escenas agradables las encontramos todos los días. Las fotografías memorables suelen aparecer cuando alguien consigue extraer algo más de ellas. Aquí, en cambio, me da la impresión de que la imagen se conforma demasiado pronto con lo primero que tenía a su favor.

El problema no está en la cámara

Lo bueno de esta fotografía es que no obliga a perder el tiempo hablando de enfoque, exposición o edición. Todo eso funciona. El cielo conserva detalle, las sombras están controladas y no hay ningún error técnico que te saque de la imagen. De hecho, da la sensación de que el autor sabía perfectamente lo que estaba haciendo cuando levantó la cámara.

Por eso mismo la crítica acaba yendo por otro sitio. Porque cuando una fotografía está técnicamente bien resuelta, ya no puedes esconderte detrás de los ajustes. Ya no puedes decir que el problema era el ISO, el enfoque o el revelado. Lo único que queda encima de la mesa es la fotografía en sí.

Y ahí es donde empiezan las dudas. Porque mientras observaba la imagen tenía la sensación de que la cámara había hecho exactamente lo que se le pedía, pero la fotografía seguía esperando una decisión más valiente. Algo que fuese más allá de registrar una escena agradable. Algo que justificara por qué este cielo, estas gaviotas y este instante concreto merecían convertirse en una fotografía y no quedarse simplemente en un recuerdo de una tarde mirando hacia arriba.

Lo que yo habría intentado hacer diferente

Creo que el problema de esta fotografía no es que le falten elementos. De hecho, probablemente tiene demasiados. Tiene un cielo interesante, tiene movimiento, tiene ciudad y tiene suficientes cosas ocurriendo como para justificar que alguien sacara la cámara. Lo que echo en falta es una apuesta más clara por una de ellas.

Personalmente habría pasado más tiempo decidiendo qué era exactamente lo que me había hecho detenerme. Porque una vez que respondes a esa pregunta, muchas decisiones empiezan a tomarse solas. Si eran las gaviotas, entonces la fotografía necesitaba acercarse mucho más a ellas. Si era el cielo, probablemente sobraban varias cosas de la parte inferior del encuadre. Y si lo interesante era la relación entre ambos, entonces habría intentado encontrar algún elemento capaz de unir las dos partes de la escena.

Mientras la observaba no podía evitar pensar que la fotografía se quedó demasiado cerca de la primera idea. Como si el cielo hubiese llamado la atención del fotógrafo, hubiera aparecido un grupo de gaviotas en el momento oportuno y el disparo se hubiera producido antes de terminar de explorar la escena. Y muchas veces las fotografías más interesantes aparecen exactamente unos minutos después de ese primer disparo, cuando ya has dejado de fotografiar lo evidente y empiezas a buscar algo un poco más personal.

Jessica Delgado
¿Quién apretó el disparador?
Jéssica Delgado
Veredicto final
El cielo puso el espectáculo. La fotografía se quedó mirando.

Esta imagen no falla porque esté mal hecha. De hecho, ahí está parte de la mala leche del asunto. La exposición funciona, el cielo tiene presencia y las gaviotas aportan ese movimiento que siempre parece venir bien cuando una escena amenaza con quedarse demasiado quieta. El problema es que todo eso ya estaba allí antes de que la cámara entrara en juego.

“Las gaviotas cruzan el encuadre con más rumbo que la propia imagen.”

Lo que echo en falta es una decisión más clara, una mirada más afilada y un poco más de ambición a la hora de construir la fotografía. Las gaviotas cruzan el encuadre con más rumbo que la propia imagen, los edificios se quedan como decorado y la composición parece conformarse demasiado pronto con una escena agradable. No estamos ante una mala fotografía. Estamos ante algo bastante más frustrante: una fotografía correcta que encontró buenos ingredientes y decidió no cocinar demasiado.

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