¿Faltaba algo en el ecosistema Leica? ¿Un nuevo objetivo Summilux? ¿Otra edición limitada en color “gris pizarra melancólica”? Pues no. Esta vez le ha tocado al carrete. Porque si vas a gastarte 6.000 euros en una cámara de carrete sin fotómetro, lo suyo es que también dispares película con logo premium. Y aquí está: Leica Monopan 50, la primera emulsión en blanco y negro de la marca, con ISO 50, nombre de aire hipster-minimalista y precio con denominación de origen Leica.
Ya lo dicen desde Wetzlar (aunque con más pompa y menos gracia): esta película está pensada para los amantes del proceso, de los negros densos, del grano fino y del ritual casi litúrgico de cargar, disparar, revelar, escanear y mirar tus fotos preguntándote si valió la pena no llevarte el móvil. La Monopan 50 es lenta, exigente, poco tolerante con los errores y caprichosa con la luz. Es decir: el carrete perfecto para que sientas que cada disparo es una obra maestra… aunque solo sea una foto del perro.
Y no, Leica no ha construido un laboratorio secreto en el sótano de Leitz Park para crear esta emulsión desde cero. Esto es más bien un ejercicio de rebranding refinado, con la película fabricada por un tercero (¿ORWO? ¿Ilford? El misterio da morbo), envuelta en un packaging negro mate que grita “exclusividad” desde la vitrina. ¿El resultado? Un carrete que no inventa nada, pero que viene con pedigree, mucha mística y el mensaje subliminal de siempre: si quieres parecer un fotógrafo serio, que no se te vea usando Kodak ColorPlus.
Leica Monopan 50, vuelve el blanco y negro (otra vez)
Y es que no hay revival que se le resista a Leica. Después de reencarnarse como empresa de relojes, reversionar cámaras sin pantalla y vender fundas a precio de óptica china, la firma germana vuelve al carrete. Y no a uno cualquiera, sino a uno monocromático, de sensibilidad baja (ISO 50) y con estética tan vintage que hasta el nombre suena a filtro de VSCO: Leica Monopan 50.
Por supuesto, no se trata de una emulsión revolucionaria. Leica ha encargado la producción a un fabricante externo —aunque no lo dicen, todo huele a ORWO o Ilford, según a quién preguntes— y se han limitado a envolverlo en una cajita negra muy mona con letras blancas. Pero claro, el marketing hace milagros. Porque según Leica, este carrete ofrece “negros profundos, grano extremadamente fino y una reproducción tonal suave y rica”.
¿Suena a todos los carretes ISO 50 que has probado? Correcto. Pero este lleva la palabra “Leica” y eso ya le añade dos puntos extra en Instagram.
Leica y la mística del blanco y negro
Si has tenido una M Monochrom sabes de lo que hablamos. Leica lleva años vendiendo la idea de que el blanco y negro es más puro, más auténtico, más “decisivo” (guiño a Cartier-Bresson). Así que no es raro que ahora intenten cerrar el círculo y ofrecer una película física para los que aún disparan con una Leica M6 o MP. Porque sí, la Leica analógica sigue viva. Y si puedes permitirte una de esas cámaras, seguro que puedes pagar también este carrete.
El carrete Monopan 50 viene en formato de 36 exposiciones y, según Leica, es ideal para fotografía callejera, retrato y arquitectura. Vamos, lo de siempre. Pero sin grano, sin color y sin prisas. Porque esto es ISO 50, y aquí o hay luz o no hay foto. Es como disparar en modo Zen.
¿Cuánto cuesta la broma?
Aquí viene la parte jugosa. El precio ronda los 15 euros por carrete. Que sí, que no es lo más loco que hemos visto en película últimamente, pero sigue estando por encima de opciones similares como Ilford Pan F Plus 50. Y eso sin contar revelado, escaneado y todo el proceso que implica jugar a fotógrafo de los 80 en pleno 2025.
Claro que si estás dispuesto a disparar con una Leica M6, cargar carrete a mano, enfocar por telémetro y luego esperar una semana para ver si la foto salió bien… probablemente 15 euros te parezcan una inversión lógica.
¿Y cómo rinde el carrete Leica Monopan 50?
Las primeras pruebas publicadas, apuntan a lo esperado: una película de bajo ISO, contraste moderado y una latitud de exposición limitada. Perfecta para días soleados y para quienes disfrutan del proceso más que del resultado. El grano, como era de prever, es muy fino, y los tonos intermedios se ven suaves y ricos, sobre todo en escaneos bien hechos.
Eso sí, no esperes milagros en interiores o con luz chunga. Este carrete es para disparar sin prisas, con buena luz y probablemente con un Summicron encima. Porque si vas a hacer fotos a 1/30 s y f/2, más te vale que el objetivo esté a la altura.
¿Moda pasajera o nuevo filón?
Leica no es tonta. Si ha lanzado un carrete es porque sabe que hay mercado. Cada vez hay más gente (joven, además) volviendo al analógico, y no precisamente por nostalgia. Es una cuestión de estilo, de estética y, sí, también de postureo. Y aquí Leica juega con ventaja.
El carrete Leica Monopan 50 no es barato, no es revolucionaria, y probablemente no sea mejor que otras opciones más asequibles. Pero tiene algo que ninguna otra tiene: el punto rojo. Y en este sector, eso todavía pesa más que la sensibilidad ISO.
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.