El Thypoch Voyager 24-50mm f/2.8 llega en un momento bastante curioso para el mercado de objetivos. Llevamos años viendo cómo muchos zooms luminosos parecen diseñados bajo la misma filosofía: más grandes, más pesados y bastante más caros. Como si para justificar un objetivo hubiese que convertirlo obligatoriamente en una pieza de ingeniería capaz de dislocarte el hombro durante una jornada entera.
Por eso este nuevo Thypoch resulta bastante más interesante de lo que parece al principio.
No porque invente una focal nueva ni porque venga a revolucionar técnicamente el sistema Sony FE. De hecho, Sony ya tiene su propio 24-50mm f/2.8 G dentro del catálogo. El tema es otro: Thypoch parece haber entendido que muchísima gente no necesita un zoom convertido en un tanque táctico para hacer fotos normales.
Hay fotógrafos que simplemente quieren un objetivo pequeño, luminoso, rápido y agradable de llevar encima durante horas. Un zoom que puedas dejar montado en la cámara sin sentir que estás cargando equipamiento militar para ir a tomar un café o salir a fotografiar una ciudad durante todo el día.
Y sinceramente, viendo cómo ha evolucionado parte del mercado últimamente, casi apetece más un objetivo así que otro monstruo óptico diseñado únicamente para ganar discusiones en foros.
Un objetivo pensado para quedarse montado en la cámara
Lo más inteligente del Voyager probablemente sea precisamente lo poco espectacular que intenta parecer. Cubre las focales que muchísima gente utiliza realmente en el día a día: 24mm para calle o viaje, 35mm para documental cotidiano y 50mm para retrato ligero o detalle. Y lo hace en un cuerpo de apenas 432 gramos, con zoom interno y un tamaño bastante contenido para ser un f/2.8 constante full frame.
Porque llega un momento donde muchos fotógrafos empiezan a valorar más las ganas de llevar la cámara encima que la obsesión por tener el objetivo “más definitivo” del mercado. Yo mismo he pasado por esa fase de acumular zooms enormes porque técnicamente eran mejores… hasta darte cuenta de que empiezas a dejar la cámara más tiempo en casa del que te gustaría admitir.
Aquí Thypoch Voyager 24-50mm parece haber construido el objetivo desde otro lugar. Más pensando en cómo se usa una cámara durante horas que en ganar discusiones de foros ampliando esquinas al 400%.
Además, el zoom interno me parece un acierto importante. No solo por estabilidad en vídeo o gimbal. También porque el objetivo mantiene siempre el mismo equilibrio en mano y transmite una sensación bastante más sólida de lo que suele ser habitual en este tipo de zooms compactos.
Sony FE 24-50mm f/2.8 G
Donde todavía se nota que es el primer AF que fabrican
Eso no significa que el objetivo sea perfecto. Y casi mejor así, porque últimamente parece que cada lanzamiento viene acompañado de análisis donde todo es “increíble”, “brutal” o “game changer” hasta que luego alguien hace dos fotos reales con él.
Las primeras pruebas dejan bastante claro que el flare es probablemente su punto más débil. En situaciones de contraluz intenso puede aparecer una pérdida de contraste bastante visible, incluso usando el parasol incluido. Y el autofocus, aunque parece funcionar sorprendentemente bien para ser el primer AF de Thypoch, todavía muestra alguna duda en escenas complicadas o con poca luz, aunque se use cámaras como la Sony A7 V.
Pero sinceramente, lo importante aquí no es que iguale a Sony desde el primer intento. Lo importante es el punto de partida. Porque ópticamente parece muy competente, tiene construcción buena, anillo de diafragma físico, botón configurable, AF/MF dedicado y una filosofía bastante clara detrás. No parece un objetivo construido únicamente para ser barato.
Lo realmente incómodo para algunas marcas
El Thypoch Voyager 24-50mm cuesta prácticamente la mitad que el Sony 24-50mm f/2.8 G FE. Evidentemente el Sony sigue siendo más refinado en muchos aspectos y seguramente seguirá teniendo ventaja en autofocus, control óptico extremo o integración total con el sistema.
Pero cuando aparece una alternativa que ofrece una experiencia bastante interesante por esa diferencia de precio, empiezan las preguntas incómodas.
Sobre todo porque este objetivo no intenta venderte humo tecnológico ni promesas imposibles. Solo intenta hacer algo que muchas veces parece haberse perdido en fotografía: ser un objetivo que apetezca usar.
Y sinceramente, viendo hacia dónde ha ido evolucionando el mercado de ópticas en los últimos años, quizá eso sea bastante más importante de lo que algunas marcas quieren reconocer.
Sony FE 24-50mm f/2.8 G
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.
1 comentario
Gracias por tu trabajo, información y lógica no siempre van de la mano.