Sony se lo ha tomado con calma, pero al fin lo ha hecho: lanzar el Sony 100mm Macro G Master, el primer macro con pedigree en la vitrina de los GM. Hasta ahora, el 90mm f/2.8 se había ganado el título de “abuelo honorable”, tirando de oficio y sobreviviendo en un catálogo que no paraba de llenarse de bicharracos luminosos. Pero había que renovarse: hasta los insectos y las flores merecen un objetivo con logo GMaster y, de paso, un precio que duela en la cartera.
La receta es la clásica de Sony: coger lo que ya funcionaba, inflarlo de mejoras y vestirlo de gama alta. Aquí hay de todo: estabilizador óptico, diafragma de 11 palas, un autofoco con esteroides y un sistema de magnificación que pasa del 1:1 de toda la vida al 1,4x. ¿Quieres más? Pues le enchufas un teleconvertidor y llegas al 2,8x. Lo justo para fotografiar el alma de una hormiga o sacarle un retrato íntimo a un grano de arroz.
Y lo curioso es que el Sony 100mm Macro G Master no se queda solo en el terreno del macro. Sony insiste en venderlo también como objetivo creativo para retrato. Con ese bokeh suave y un AF rápido como un demonio, lo mismo te clava el ojo de una libélula que el de tu cuñado en la comunión. Eso sí, todo previo paso por caja con 1.600 eurazos. Porque lo de la democratización de la fotografía, en Sony, ya sabemos que se entiende de otra manera.
Un macro que se disfraza de tanque premium
Si algo queda claro nada más cogerlo es que el Sony 100mm Macro f2.8 GM no quiere parecerse a su antecesor. Construcción sellada, acabados más sólidos y ese aire de “soy caro, trátame bien” que Sony sabe imprimirle a la serie GM.
El anillo de diafragma físico es de esos detalles que enamoran a los viejos del lugar: clics para los puristas, modo silencioso para los del vídeo. Y el enfoque manual tiene su truco: tiras del anillo hacia atrás y, magia, aparece la escala de distancias y de magnificación. Un guiño nostálgico que, eso sí, viene envuelto en mucho marketing.
1,4x de ampliación: los insectos ya no podrán esconderse
La mayoría de macros se conforman con magnificación de 1:1. Pero Sony, que no pierde ocasión de sacar pecho, lo ha llevado al 1,4x. En la práctica significa que puedes acercarte más, mucho más, sin tener que recurrir a inventos raros. Y si aún te parece poco, el combo con teleconvertidor te lleva al 2,8x.
Eso abre la puerta a un tipo de fotografía que antes solo soñabas con lupas o accesorios. Ahora, con un solo objetivo, puedes ir de los retratos “serios” a las locuras de macro extremo sin cambiar de objetivo. Y todo con un diafragma de 11 palas pensado para que el fondo se derrita como mantequilla caliente.
Autofoco: ahora sí puedes seguir una mariposa sin llorar
El Sony 90mm macro era como ese colega entrañable que te cae bien pero siempre llega tarde: cumplía, sí, pero el autofoco era tan lento que hasta una babosa podía huir de tu encuadre. Con el nuevo Sony 100mm Macro G Master, la cosa cambia: Sony presume de un motor casi el doble de rápido y encima aliado con el tracking por IA de sus últimas cámaras. Vamos, que si ahora no pillas el ojo de una libélula es porque estabas mirando el móvil, no porque el objetivo te haya dejado tirado.
La gracia está en que este 100mm no es un macro encasillado en insectos y florecitas. Aquí hay un híbrido con carácter: macro extremo para los frikis del detalle, sí, pero también retrato serio para los que quieren bokeh premium con la excusa de que “también hago macro”. En resumen, el tipo de objetivo que pasa más tiempo en la mochila que en la vitrina, porque vale para todo sin pedir disculpas.
Y ojo, porque el Sony 100mm Macro G Master se entiende de maravilla con las últimas bestias de la marca. Los algoritmos de enfoque con IA exprimen su velocidad y te dejan con menos fotos desenfocadas, más confianza y esa sensación de que, por una vez, no vas a volver a casa con media tarjeta de basura.
¿Y cuánto cuesta jugar con los bichos de lujo?
Aquí llega el momento incómodo: 1.600 €. Y sí, suena a sablazo. Al lado del veterano 90mm, que sigue haciendo el trabajo por mucho menos, este 100mm parece un capricho. Pero esa es precisamente la jugada: no es solo un objetivo, es un G Master. Es decir, un símbolo de estatus, un justificante perfecto para tu gasto y, por qué no decirlo, una excusa para enseñar equipo cuando no tienes fotos que mostrar.
Llegará en noviembre, justo a tiempo para ponerlo en la lista de Reyes… y que luego Melchor te deje carbón porque nadie en su sano juicio te va a regalar esto.
¿Es caro? Sí, y mucho. ¿Es necesario? Para la mayoría, no. Pero ahí está la gracia: es un GM, y los GM no se compran solo por necesidad. Se compran por lo que representan, por la sensación de estar en la liga VIP, incluso cuando solo estás fotografiando el ala de una mosca.
Lo que Sony ha hecho no es lanzar “otro macro más”. Es firmar un manifiesto: el segmento premium también tiene derecho a jugar en el terreno de lo diminuto. Y en ese tablero, con 1,4x nativo y un logo GM delante, la competencia va a sudar. Porque al final, esto no va de magnificación ni de palas de diafragma: va de quién presume más.
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.