Cuando las fotos dejaron de hacerse para verse… y empezaron a hacerse para .
Hubo un momento en el que subir una foto vertical a Instagram parecía casi un accidente. Las redes todavía arrastraban cierta estética heredada de la fotografía clásica, los monitores seguían mandando y la mayoría entendíamos el horizontal como el formato “natural” para mirar imágenes.
Ahora ocurre exactamente lo contrario. Parece que cualquier foto que no mida metro y medio de alto dentro del móvil nace ya penalizada por el algoritmo, por el alcance o directamente por la atención de la gente.
Y ahí empieza un problema bastante curioso: ya no estamos encuadrando pensando en la fotografía. Muchas veces estamos encuadrando pensando en cuánto espacio ocupará la imagen entre un vídeo de cocina y alguien con su morning routine.
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El algoritmo no quiere fotos: quiere retención
Las redes sociales han conseguido algo muy específico: transformar el encuadre vertical en una cuestión de supervivencia visual.
Cuanto más espacio ocupa una foto en pantalla, más segundos roba al usuario antes del siguiente scroll. Y como todo en plataformas como Instagram o TikTok gira alrededor del tiempo de permanencia, el vertical se ha convertido casi en una obligación silenciosa.
El problema es que eso acaba afectando a cómo fotografiamos.
Hay fotógrafos que ya directamente disparan pensando en el recorte para Reels. Otros convierten fotos horizontales perfectamente equilibradas en composiciones rarísimas solo porque “funcionan mejor en redes”. Y luego está esa epidemia de retratos absurdamente cerrados donde parece que acercar muchísimo la cara al sensor automáticamente convierte cualquier imagen en contenido emocional profundo.
A veces no sabes si estás viendo fotografía o simplemente miniaturas diseñadas para detener pulgares.
El vertical no es el enemigo. La obsesión sí
Lo más ridículo de todo esto es que el formato vertical tiene muchísimo sentido en determinados contextos. Un retrato vertical puede ser espectacular. La fotografía editorial lleva décadas utilizándolo. Y hay escenas donde funciona muchísimo mejor que el horizontal.
El problema aparece cuando empieza a utilizarse absolutamente para todo. Paisajes verticales porque “quedan mejor en stories”. Fotografías de calle comprimidas artificialmente. Arquitectura recortada hasta parecer una captura accidental. Incluso fotos de grupo donde da la sensación de que alguien ha decidido amputar medio entorno porque Instagram necesita aire arriba y abajo para colocar botones.
Y claro, al final todas las galerías empiezan a parecerse entre sí. Misma composición. Mismo espacio negativo. Misma obsesión por dejar hueco para texto. Misma estética diseñada más para convivir con iconos de interfaz que con la propia fotografía.
Las cámaras ya se están diseñando pensando en Instagram
Lo realmente interesante es ver cómo esta lógica ya ha saltado incluso al diseño de las cámaras.
Roscas laterales para disparar vertical. Interfaces adaptadas a contenido para redes. Botones específicos para grabación social. Cámaras enteras concebidas alrededor del creador de contenido antes que del fotógrafo tradicional.
Y ojo, parte de eso tiene bastante sentido comercial. Sería absurdo ignorar cómo consume imágenes hoy la mayoría de la gente. Pero también deja una sensación rara: da la impresión de que la fotografía empieza a adaptarse demasiado rápido a plataformas que cambian de prioridades cada seis meses.
La propia Fujifilm X Half es un ejemplo bastante curioso de todo esto. Porque el formato vertical no tiene absolutamente nada de nuevo. Las half-frame llevan existiendo décadas y el concepto original ya obligaba a disparar muchas veces en vertical simplemente por cómo estaba diseñado el fotograma. Lo interesante aquí es cómo Fujifilm recupera esa idea histórica justo en el momento en el que el consumo vertical domina completamente las redes sociales.
Y ahí aparece una mezcla rara entre nostalgia fotográfica y adaptación al algoritmo moderno. Porque sí, la X Half juega con referencias analógicas y con cierta experiencia más pausada. Pero también sabe perfectamente dónde van a acabar la mayoría de esas fotos: en una pantalla de móvil sostenida en vertical.
Porque hace no tanto el cuadrado era obligatorio. Después llegaron los carruseles infinitos. Luego los Reels. Ahora todo tiene que ser vertical extremo porque ocupa más pantalla.
Y mientras tanto nosotros reorganizando otra vez la manera de mirar.
El problema no es el formato. Es quién manda realmente
Al final, el vertical obligatorio no va realmente de orientación de imagen. Va de dependencia.
De empezar a tomar decisiones visuales pensando antes en cómo reaccionará el algoritmo que en cómo funciona la fotografía. De asumir que una imagen vale más o menos según cuánto tiempo consiga retener a alguien deslizando el dedo medio dormido en el sofá.
Y sinceramente, eso sí resulta bastante más preocupante que el propio formato vertical. Porque una cosa es adaptarse al medio donde enseñas tu trabajo. Y otra muy distinta terminar fotografiando exactamente igual que todo el mundo simplemente porque una aplicación ha decidido que así consumes mejor publicidad.
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Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.
1 comentario
Efectivamente, el nacimiento del smarthphone, un tremendo invento no lo negaré, y una increible herramienta creativa, a llevado al predominio del formato vertical, y mas allá de las consideraciones estéticas o de como vemos los conciertos ahora a través de una pantalla vertical (confieso y me incluyo, aunque ya estoy empezando a aprender a no hacerlo). SIn entrar ademas en los malévolos intereses del algoritmo que influye en el formato para que haya mas espacio para el transcurrir del dedo y de allí, a igual velocidad mas tiempo de permanencia en la imagen. Se me ocurre que al igual que cuando el hombre se levanto en dos patas y cada vez camino mas erguido su cerebro por gravedad se hizo mas grande, el ver de forma anormal debido a la posición horizontal de nuestros ojo, puede que con el tiempo lleve a cambiar su conformación y a tal vez a cambiar el eje de nuestros ojos teniendo ahora una visión estereoscopica pero vertical, amén de que tal vez empecemos nacer cíclopes para adaptarnos a los deseos de mono enfoque del algoritmo