Vivimos en una era de opulencia óptica absurda, y el Nikon Z 24-105mm f/4-7.1 llega precisamente para señalar lo ridículo del asunto. Si tu objetivo no pesa como un adoquín y no abre a f/1.2, parece que no tienes derecho a llamarte fotógrafo sin que alguien te mire por encima del hombro. La industria ha conseguido convencernos de que el bokeh es el único idioma válido y de que cualquier cosa ligera es automáticamente sospechosa, como si el peso del equipo fuera directamente proporcional a tu talento. El resultado es bien conocido: mochilas que se quedan en casa y fotógrafos que acaban disparando siempre con el mismo fijo porque cargar con más de medio kilo adicional les da pereza.
Nikon, que puede equivocarse pero rara vez es ingenua, acaba de lanzar un movimiento interesante. El nuevo Nikkor Z 24-105mm f/4-7.1 no es el objetivo con el que fantaseabas leyendo foros de madrugada, pero sí es el que empieza a tener sentido cuando bajas a tierra y miras cómo y cuánto fotografías en realidad. Es un ejercicio de honestidad poco habitual: un zoom oscuro, mayoritariamente de plástico y con una apertura final que hace diez años habría generado risas nerviosas. Hoy, en plena era de sensores que se ríen del ruido a ISO alto, esa oscuridad deja de ser una herejía y pasa a ser una decisión consciente.
Para que este objetivo encaje, Nikon lo coloca donde tiene lógica: sobre el cuerpo Full Frame más accesible de su sistema. La Nikon Z5 II no entra aquí como novedad ni como protagonista, sino como el punto de partida natural para un objetivo que no busca impresionar, sino acompañar. Juntos no forman un combo aspiracional, sino algo mucho más peligroso para el mercado: un conjunto razonable, ligero y pensado para usarse de verdad. Una bofetada silenciosa a la obsesión por el diafragma abierto.
La Nikon Z5 II como contexto: cuando el cuerpo deja de estorbar
Conviene dejar algo claro desde el principio: la Nikon Z5 II no está aquí para lucirse. No es una cámara nueva ni pretende marcar un antes y un después en el sistema Z. Su papel en esta historia es mucho más simple y, a la vez, más importante: ser el cuerpo Full Frame más asequible de Nikon y el lugar donde un objetivo como este 24-105mm cobra todo el sentido.
La primera Z5 cumplía con la idea de democratizar el formato completo, pero arrastraba limitaciones que la convertían, en ocasiones, en un cuello de botella. La Z5 II no reinventa nada, pero sí elimina muchas de esas fricciones. El uso del procesador Expeed 7 no transforma la cámara en una Z8 encubierta, pero garantiza que el enfoque, el rendimiento general y la respuesta del sistema no se interpongan entre el fotógrafo y la foto. Y eso, para un objetivo pensado para el uso diario, es clave.
La detección de sujetos por IA no convierte a la Z5 II en una máquina deportiva, pero sí evita que pierdas tomas por dudas del sistema. Personas, animales o situaciones imprevisibles dejan de ser un problema añadido. El sensor BSI de 24,5 megapíxeles sigue siendo una de las resoluciones más sensatas del mercado: suficiente detalle, archivos manejables y un equilibrio que encaja perfectamente con la filosofía de este zoom. No hay fuegos artificiales, pero tampoco concesiones incómodas.
En ergonomía, Nikon sigue jugando sobre seguro. La Nikon Z5 II se siente como una cámara, no como un dispositivo electrónico con lente. Buen visor, cuerpo sellado y controles claros. No está pensada para competir en cifras, sino para no estorbar cuando llevas horas caminando, viajando o disparando sin pausa. En vídeo ocurre algo parecido: hay 4K a 60p con recorte, suficiente para cubrir usos ocasionales sin convertir la cámara en un híbrido ambicioso. De nuevo, contexto, no protagonismo.
Nikon Z 24-105mm f/4-7.1: el arte de no cargar con lo innecesario
Llegamos al número que incomoda: f/7.1. Pronunciarlo en 2026 suena casi a provocación. Pero antes de escandalizarse conviene mirar la báscula. Este 24-105mm pesa alrededor de 350 gramos y mide poco más de ocho centímetros cuando está recogido. Es decir, menos que muchos objetivos “serios” solo contando el parasol. Aquí no hay épica, hay intención: un objetivo diseñado para llevarlo encima todo el día sin que se convierta en una molestia.
Nikon ha llevado el rango focal hasta 105mm, un detalle muy interesante en fotografía de viajes y uso general. Ese pequeño extra permite pasar de la foto correcta al encuadre con intención sin cambiar de óptica. Sí, es lento en el extremo largo. Muy lento, si nos ponemos puristas. Pero en escenarios reales —luz abundante, trípode ocasional o estabilización en el cuerpo— ese f/7.1 es un peaje asumible si a cambio no acabas la jornada con dolor de espalda.
Si hablamos de la construcción, Policarbonato, sin complejos. No es serie S ni pretende serlo. No hay tacto premium ni acabados de escaparate, pero el conjunto se siente sólido. El anillo de control personalizable suma puntos en el uso real y el diámetro de filtro de 67mm evita tener que renovar todo tu sistema de filtros. Detalles pequeños que, sumados, hacen que el objetivo estorbe menos y se use más.
Ópticamente, el rendimiento está por encima de lo que muchos esperan de un zoom de este planteamiento. Elementos asféricos y ED ayudan a mantener las aberraciones bajo control. La nitidez en el centro es más que correcta desde aperturas abiertas y las esquinas, sin ser brillantes en 24mm, entran dentro de lo razonable para un objetivo pensado para acompañar, no para presumir. Cumple exactamente lo que promete: estar ahí cuando lo necesitas y desaparecer cuando no.
La dictadura de los números frente a la realidad del campo
Este objetivo es fácil de criticar desde casa, comparando gráficas MTF y ampliaciones al 300%. El campo es otra cosa. Cuando llevas horas caminando por una ciudad o recorriendo un sendero, la diferencia entre un Nikon 24-120mm f/4 y este 24-105mm no es técnica: es física. Disfrutar o sufrir. El motor de enfoque por pasos es silencioso y suficientemente rápido, lo que también lo convierte en una opción lógica para vídeo ocasional sin ruidos molestos.
Nikon parece haber entendido que hay muchos usuarios que vienen del smartphone o del APS-C y quieren el “look” del formato completo sin cargar con toda su liturgia. Este objetivo, montado en un cuerpo como la Z5 II, es un puente directo a ese uso real. Cubre la mayoría de situaciones habituales y ofrece una calidad de imagen que deja en evidencia a sensores pequeños por mucha computación que tengan. La clave está en gestionar expectativas: no es un objetivo para aislar sujetos a plena luz del día, pero sí una herramienta fiable para contar lo que ves sin complicaciones.
El precio, situado en el entorno de los 500–550 euros según mercado, refuerza la idea. No es barato por accidente, es asequible por planteamiento. Es el tipo de óptica que acaba haciendo más fotos que esos objetivos luminosos que duermen en la estantería. Porque la mejor cámara sigue siendo la que llevas encima, y este 24-105mm hace que llevar una cámara Full Frame deje de ser un acto de fe.
Especificaciones técnicas que no admiten discusión
Para quienes necesitan agarrarse a números antes de formarse una opinión —y también para los que solo creen en algo cuando viene acompañado de datos— conviene poner las cartas sobre la mesa. El Nikon Z 24-105mm f/4-7.1 utiliza un diseño óptico de 13 elementos en 11 grupos, con dos elementos asféricos y uno de dispersión extra baja (ED). No es un alarde tecnológico, pero sí una fórmula probada para mantener a raya aberraciones y compromisos evidentes.
La distancia mínima de enfoque de 0,19 metros en 24mm permite acercarse más de lo esperado para un zoom de este tipo. No es un macro, pero abre la puerta a jugar con perspectivas cercanas sin cambiar de óptica. El diafragma de siete palas redondeadas no busca desenfoques espectaculares, sino coherencia. El rango de aperturas va de f/4 a f/22 en 24mm y de f/7.1 a f/40 en 105mm, dejando claras sus intenciones desde el primer momento.
El sellado contra polvo y humedad está presente, en consonancia con una óptica pensada para viajar y enfrentarse a condiciones reales sin dramatismos. En el conjunto, la Z5 II aporta doble ranura SD UHS-II, pantalla abatible y táctil de 3,2 pulgadas y un cuerpo sellado con chasis de aleación de magnesio. Cámara y objetivo juntos superan por poco el kilo, una cifra casi provocadora en el universo actual del formato completo.
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.