Hay cámaras míticas por su historia, por haber estado en guerras, por haber capturado momentos que cambiaron el mundo. Y luego está esta Leica M-A, una cámara que, literalmente, viene con bula papal. Sí, has leído bien: el Papa Francisco tuvo en sus manos esta Leica, y ahora va camino de la 47ª Leitz Photographica Auction, donde esperan que un coleccionista con la cartera más ancha que la fe se deje una millonada para colgarla en su vitrina, bien lejos de cualquier carrete.
El lote, que incluye una M-A con número de serie 5.000.000, un Summilux-M 50 mm f/1.4 ASPH chapado en ego y una caja de presentación más lujosa que muchos confesionarios, no es una cámara cualquiera: es un recordatorio de que en Wetzlar ya no venden cámaras, venden reliquias. Y esta vez, con certificado celestial. Leica sabe perfectamente que ningún mortal va a sacar esta cámara de su vitrina para disparar un Tri-X; aquí el valor no está en la emulsión, sino en el aura.
Subasta con olor a incienso (y a billetes de 500)
La subasta se celebrará el 15 de noviembre en Viena, donde los devotos de Leica se pelearán por llevarse el Santo Grial de la fotografía boutique. Según la propia marca, el objetivo es recaudar fondos benéficos. Vamos, que además de comprar un objeto de deseo, podrás presumir de filántropo: “Cariño, he gastado dos millones en una Leica, pero tranquilo, es por una buena causa”.
Lo mejor de todo es que Leica ha convertido esta cámara en una pieza única con una inscripción que dice “Franciscus PP”. Sí, una especie de firma divina que certifica que esta Leica estuvo al alcance del Sumo Pontífice. Lo próximo será vender carretes bendecidos para asegurar el revelado perfecto o parches de Lightroom con milagros incluidos.
Entre reliquia y marketing de fe
A ver, que nadie se engañe: Leica domina el arte de vender nostalgia envuelta en lujo. Pero en este caso han ido un paso más allá: han cruzado la línea entre el coleccionismo fotográfico y el merchandising religioso. Porque no nos engañemos, esto no es una cámara, es un trozo de misticismo con rosca M. Y si la puja supera el millón (que lo hará), será otro recordatorio de que el mercado de Leica no tiene nada que ver con hacer fotos, sino con adorar ídolos de metal cromado.
Mientras tanto, los fotógrafos de a pie seguiremos mirando a estas subastas con la misma mezcla de fascinación y vergüenza ajena que al ver un influencer bendiciendo su flat white para Instagram. Al fin y al cabo, para muchos, tener una Leica normal ya es un milagro económico; esta, directamente, exige fe ciega y un banco muy generoso.
Leica, siempre Leica
La marca alemana ya nos ha demostrado que puede sacar oro de cualquier cosa: ediciones especiales con cuero de pitón, de colores imposibles o conmemorativas de festivales que nadie recuerda. Pero esta vez han encontrado el combo perfecto: religión, exclusividad y caridad. Un trío de marketing tan efectivo que ni el Vaticano podría haberlo diseñado mejor.
La cámara del Papa Francisco no es solo un objeto: es un recordatorio de que el culto Leica no entiende de fronteras. Porque sí, puede que no te lleves indulgencias plenarias con la compra, pero siempre podrás decir que tu cámara tiene más santos detrás que la Capilla Sixtina. Y en el fondo, ¿no es eso lo que buscan los coleccionistas?
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.