El Leica Oskar Barnack Award 2026 (LOBA) ya tiene finalistas. Y, durante unos días, merece la pena hacer un pequeño descanso entre rumores, lanzamientos y comparativas para mirar fotografías. Fotografías de las que no se resuelven en diez segundos ni se entienden con un vistazo rápido mientras haces scroll. De esas que te obligan a volver una segunda vez porque la primera no ha sido suficiente.
Los doce proyectos seleccionados este año recorren Gaza, Mariúpol, el Ártico, el mar de Aral, Jordania, París o El Cairo. Hablan de guerra, de agua, de identidad, de comunidades y de personas que intentan seguir viviendo cuando el mundo alrededor cambia demasiado deprisa. El ganador no se conocerá hasta octubre, pero basta con recorrer las galerías para entender por qué el LOBA sigue siendo uno de los premios de fotografía documental más respetados del mundo.
El Leica Oskar Barnack Award no premia una fotografía aislada. Lo que valora son proyectos documentales completos, construidos durante meses o incluso años. Aquí no gana la imagen más espectacular, sino la historia mejor contada.
Un premio que sigue apostando por el reportaje con mayúsculas
Desde 1980, el Leica Oskar Barnack Award reconoce trabajos documentales capaces de explicar la relación entre las personas y el entorno en el que viven. No busca una única fotografía perfecta ni la imagen viral del año. Lo que valora son proyectos construidos con tiempo, paciencia y una mirada capaz de ir mucho más allá de la actualidad inmediata.
La edición de 2026 ha reunido propuestas llegadas de 48 países y seleccionadas por 130 expertos internacionales. Después de varias fases de valoración, el jurado ha reducido la lista a doce fotógrafos que competirán por uno de los reconocimientos más prestigiosos del fotoperiodismo y la fotografía documental.
El ganador del premio principal, el galardón para nuevos talentos y el recién creado LOBA Women Grant se darán a conocer el próximo 8 de octubre durante la ceremonia que tendrá lugar en Wetzlar, Alemania, la ciudad donde nació Leica.
Doce proyectos muy distintos que hablan, curiosamente, de las mismas personas
Aunque los escenarios cambian de un proyecto a otro, todos terminan girando alrededor de algo muy parecido: cómo las personas se adaptan cuando el entorno cambia más rápido que ellas.
Algunas series llevan al espectador hasta Gaza, Mariúpol o Jordania. Otras recorren las antiguas orillas del mar de Aral, las reservas de la Nación Navajo, el Ártico ruso o las aldeas montañosas del Cáucaso. También aparecen barrios periféricos de París, comunidades gitanas en Eslovaquia o familias afroamericanas que reconstruyen su identidad lejos de las grandes ciudades.
Lo interesante es que ninguno de estos trabajos intenta impresionar únicamente por la dureza de las escenas. Todos dedican tiempo a conocer a las personas que aparecen delante de la cámara. Y eso se nota. No hay fotografías hechas de pasada ni historias resueltas en un fin de semana.
Guerra, agua, identidad y medio ambiente: los temas que dominan esta edición
Si hubiera que encontrar un hilo conductor entre los doce finalistas, probablemente sería la capacidad de mostrar cómo los grandes problemas terminan afectando siempre a personas concretas.
La guerra aparece en los trabajos de Saher Alghorra, con una durísima serie sobre Gaza, y de Valery Melnikov, que documenta las heridas abiertas que todavía deja Mariúpol. El acceso al agua protagoniza los proyectos de Anush Babajanyan, Elliot Ross y Annie Sakkab, que muestran realidades muy diferentes unidas por un mismo problema.
También hay espacio para hablar de identidad, memoria y tradiciones. Desde el brutal deporte ecuestre del Buzkashi fotografiado por Todd Antony hasta la transformación de El Cairo, la vida cotidiana en los suburbios franceses o la convivencia entre comunidades en Eslovaquia. Son proyectos muy distintos entre sí, pero todos comparten algo importante: intentan explicar un lugar antes que juzgarlo.
Fotografías que no necesitan explicar con qué cámara fueron hechas
Hay algo curioso cuando uno recorre las galerías de los doce finalistas. En ningún momento surge la necesidad de preguntarse con qué cámara están hechas.
Nadie llega hasta estas imágenes por el enfoque automático, la velocidad de ráfaga o el número de megapíxeles. Lo que hace que funcionen es el tiempo invertido en ellas, la confianza conseguida con las personas fotografiadas y la capacidad para encontrar escenas que cuentan mucho más de lo que muestran a simple vista.
Quizá por eso el Leica Oskar Barnack Award sigue teniendo tanto prestigio. Porque durante unos minutos consigue que dejemos de hablar de equipos y volvamos a hablar de fotografía.
El ganador llegará en octubre, pero el verdadero premio ya está aquí
El próximo 8 de octubre conoceremos qué fotógrafo sucede al último ganador del Leica Oskar Barnack Award. Sin embargo, lo realmente interesante no es quién termine levantando el trofeo.
Lo valioso de este premio sigue siendo la oportunidad de descubrir proyectos que probablemente nunca aparecerán entre los vídeos más vistos de YouTube ni ocuparán titulares durante semanas, pero que conservan algo cada vez más escaso: tiempo, profundidad y una enorme capacidad para contar historias.
Doce fotógrafos. Doce historias que merece la pena detenerse a mirar.
El Leica Oskar Barnack Award 2026 vuelve a reunir algunos de los proyectos documentales más interesantes del año. Si disfrutas de la fotografía con calma, aquí tienes una buena excusa para perder un rato.
LOBA
12 finalistas
8 octubre
Merece mucho la pena dedicar unos minutos a recorrer las galerías completas. Leica ha publicado en su web oficial los doce proyectos finalistas con todas las fotografías y una explicación del trabajo de cada autor.
Ver todos los finalistas en la web oficial de Leica
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.