Leica M EV1: la herejía más elegante de la historia de Leica

por Pedro Gamo

Hay frases que uno nunca espera escribir: “Leica lanza una M con visor electrónico integrado” es una de ellas. Y sin embargo, aquí estamos, con la nueva Leica M EV1, una cámara que rompe setenta años de dogma óptico y se atreve a mirar el mundo sin telémetro. Un movimiento que para algunos suena a traición, y para otros, a simple sentido común. Porque sí: Leica ha decidido que, en pleno 2025, todavía hay espacio para reinventar la pureza… añadiendo píxeles al visor.

El precio, por si alguien dudaba de su pedigrí, sigue siendo digno de Leica: 7.950 euros, cuerpo solo. Un detalle que la marca defiende con el argumento de siempre: “Made in Germany”, piel con textura de diamante y el mismo sensor BSI CMOS full frame de 60 MP con triple resolución que ya vimos en la M11.

Solo que ahora, en lugar de obligarte a casar imágenes en un telémetro óptico, te regala un visor electrónico OLED de 5,76 MP, con focus peaking, zoom de enfoque y dioptrías ajustables.

Sí, Leica ha hecho lo impensable: una M que ya no te hace sentir culpable por no ver bien.

Y por si alguien necesitaba más ironía histórica: este golpe de modernidad llega justo en el centenario de la Leica I, la cámara que en 1925 cambió la fotografía. Un siglo después, la marca vuelve a hacerlo… pero esta vez para cambiarse a sí misma.

Una Leica sin telémetro.... ¿sigue siendo Leica?

Leica lo deja claro: la M EV1 no viene a sustituir a las M con telémetro, sino a convivir con ellas. Pero claro, dile tú eso a los puristas que juraban que jamás mirarían una pantalla.

La cámara mantiene el mismo cuerpo que la M11, pero sin el clásico cuadradito del visor óptico. En su lugar, un módulo electrónico integrado, brillante y rápido, que muestra la escena tal y como quedará la foto.

Y sí, ya puedes usar objetivos Summilux y Noctilux sin rezar para clavar el foco. El focus peaking pinta los bordes en rojo, el zoom automático se activa al girar el anillo de enfoque, y si tu vista ya no es la de los 30, el ajuste dióptrico (-4 a +2 dpt) es el nuevo milagro de Wetzlar.

Los más veteranos echarán de menos esa magia del telémetro que te dejaba ver quién entraba en el encuadre antes de que lo hiciera. Esa anticipación es parte del mito Leica.

Pero admitámoslo: en 2025, poder ver la exposición en tiempo real sin jugar a adivinar sombras también tiene su encanto. Y si hablamos de precisión, el nuevo visor gana por goleada. Es el mismo panel de la Leica Q3, integrado con elegancia en un cuerpo que pesa unos 495 g con batería.

El resultado: una M que sigue pareciendo una M… hasta que la enciendes.

Leica M EV1
Leica se ha atrevido a romper su propio dogma: una M con visor electrónico integrado. Sin telémetro, sin vídeo y sin disculpas. Sensor full frame de 60 MP, visor OLED de 5,76 MP y el ADN más caro del mundo: el de Wetzlar.

Leica M EV1 vs M11: la batalla interna

Frente a la Leica M11, la nueva EV1 renuncia al misticismo del telémetro, pero gana en precisión real.

La M11-P presume del sello CAI (Content Authenticity Initiative), la M11-D se regodea en la pureza sin pantalla y la M EV1 mezcla lo mejor de ambas: autenticidad manual con asistencia digital.

En el fondo, Leica ha hecho lo que llevaba tiempo evitando reconocer: que su público envejece, y enfocar a mano con un Noctilux a f/0,95 ya no es una prueba de virtuosismo, sino de oftalmología.

A nivel de manejo, todo se siente familiar: mismo dial de obturación, misma interfaz minimalista y misma filosofía de “menos es más”. Pero la gran diferencia está en el ojo.

El nuevo visor convierte la experiencia de disparar con una M en algo más contemporáneo, menos esotérico y más práctico. Ya no hay que elegir entre fe y enfoque.

Tradición y traición en el mismo cuerpo

A nivel técnico, la Leica M EV1 hereda casi todo de la M11: el procesador Maestro III, la medición por el sensor, la memoria interna de 64 GB, la conectividad USB-C 3.1, Wi-Fi y Bluetooth 5.0, y la compatibilidad con la app Leica FOTOS para transferencias y control remoto.

Solo que ahora no necesitas acoplar un Visoflex 2 para disfrutar de un visor electrónico decente. Leica lo ha integrado, y además con más resolución (5,76 MP frente a 3,7 MP).

El resultado es una cámara más ligera, más directa y, por qué no decirlo, más usable para quien no quiere luchar con un telémetro desalineado cada tres meses.

No hay vídeo —faltaría más—, porque Leica insiste en que esto es fotografía pura. Y lo cierto es que el argumento tiene algo de coherente: mientras el resto de marcas multiplica menús, Leica sigue reduciendo botones.

Aun así, la M EV1 incluye los pequeños placeres modernos: previsualización de exposición, bracketing, Auto ISO, Live View continuo y ese sonido de obturador mecánico que sigue siendo su firma.

Ergonomía, batería y conectividad

En mano, la Leica M EV1 se siente exactamente como debería: sólida, densa, con ese equilibrio entre lujo y herramienta que solo Leica domina. El cuerpo sigue siendo de magnesio y aluminio, fabricado en Alemania, con el nuevo acabado de cuero sintético con patrón de rombos heredado de la Q3 y las SL. No hay logos excesivos ni luces innecesarias: solo el rojo de Leica recordándote cuánto te has gastado.

El agarre es mínimo, pero más cómodo de lo que aparenta, y con la empuñadura opcional mejora notablemente el control. Claro que esa empuñadura cuesta 395 euros, lo que confirma que Leica puede convertir cualquier accesorio en objeto de deseo… y de crédito.

¿Sellado contra el polvo y la lluvia? Oficialmente, “protegida contra lloviznas”. En lenguaje Leica, eso significa: “no la mojes, que vale casi ocho mil euros”. La cámara está pensada para la calle, sí, pero para calles limpias, sin tormentas ni charcos. No hay certificación IP, y Leica ni se molesta en fingir lo contrario: la M EV1 es resistente al tiempo… pero al paso del tiempo, no al mal tiempo.

La batería BP-SCL7 (la misma que en la M11) ofrece un rendimiento correcto teniendo en cuenta el nuevo visor electrónico. Leica promete unas 240 fotos con el EVF y algo más si trabajas con la pantalla trasera. No es espectacular, pero suficiente para una jornada de disparo pausado, sin ráfagas ni estrés. Además, puede cargarse por USB-C, lo que permite enchufarla a un power bank mientras almuerzas o viajas.

No hay cargador en la caja —porque “sostenibilidad”, dicen—, aunque todos sabemos que la motivación real tiene más que ver con el margen de beneficio que con el planeta. Si eres de la vieja escuela, podrás comprarlo aparte, y así seguir contribuyendo al ecosistema más caro del mundo.

En conectividad, Leica ha hecho los deberes: Wi-Fi de doble banda (2,4 y 5 GHz), Bluetooth 5.0, compatibilidad con la app Leica FOTOS y transferencia directa mediante USB-C 3.1. El emparejamiento es rápido y estable, y permite transferir imágenes en segundo plano sin agotar la batería gracias al sistema BLE (Background Low Energy). Nada revolucionario, pero sí muy práctico en una cámara que hasta hace poco presumía de no necesitar nada “inteligente”.

Leica M EV1
Leica se ha atrevido a romper su propio dogma: una M con visor electrónico integrado. Sin telémetro, sin vídeo y sin medias tintas. Sensor full frame de 60 MP y una forma de entender la fotografía que sigue sin pedir permiso a nadie.
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Entre la Q3 y la SL3: el nuevo punto medio

El visor electrónico recuerda inevitablemente al de la Leica Q3, con el mismo panel de 5,76 MP y una sensación igual de fluida. Pero la experiencia es distinta: la Q3 dispara como un smartphone de lujo; la M EV1 te obliga a respirar entre toma y toma.

Frente a la Leica SL3, la diferencia es filosófica: aquella es una herramienta de producción, esta es una declaración de principios. La SL3 lo hace todo —rápido, preciso, con autoenfoque y vídeo 8K—, pero también te recuerda en cada disparo que estás usando una cámara del siglo XXI.

La M EV1, en cambio, se aferra al siglo pasado con la mirada del futuro: sin AF, sin vídeo, sin distracciones. Puro romanticismo digital. Y si hablamos de tamaño y discreción, la M EV1 sigue siendo la reina del reportaje silencioso. Con un 35 mm f/2, pasa desapercibida incluso entre turistas con móviles. Es, como dirían en Wetzlar, el arma definitiva del fotógrafo que no necesita demostrar nada.

Ventajas reales frente a una SL con adaptador M

Muchos se preguntarán por qué no usar directamente una SL3 con adaptador M y olvidarse del problema. La respuesta es simple: porque no es lo mismo. Una SL3 es un ordenador con sensor; la M EV1, una cámara con alma.

El cuerpo compacto y el peso contenido la hacen mucho más equilibrada con ópticas M, y sobre todo, más natural en la mano. El disparo es inmediato, la respuesta táctil más directa y, aunque el EVF no iguale al monstruo de la SL, su realismo y color son suficientes para clavar el enfoque incluso en baja luz. Leica lo sabe: la M EV1 no es para el que busca eficiencia, sino experiencia.

¿A quién se dirige esta nueva Leica M EV1?

Leica lo dice sin rubor: la M EV1 es para fotógrafos que quieren una M sin complicaciones. Para los que aman el diseño, el control manual y la óptica Leica, pero ya no están para jugar al “encuadre cruzado” del telémetro.

También para quienes usan teleobjetivos largos o gran angulares extremos, y se cansaron de los visores externos o de adivinar lo que entra en la escena. Incluso para quienes vienen del sistema Q o SL y quieren probar el sabor del sistema M sin dejarse las pestañas en el intento.

Leica M EV1, la puerta de entrada al mundo M

Leica la define como “la forma más accesible de experimentar la fotografía M”. Y no les falta razón: por primera vez, una cámara M resulta tan precisa como indulgente.

Sigue sin tener autofoco, sigue sin vídeo, sigue siendo absurdamente cara… pero también es la M más lógica que Leica ha hecho en años.

Una cámara para quienes buscan el equilibrio entre nostalgia y funcionalidad. Y, por qué no, para los que ya no ven el mundo tan nítido como antes.

Leica M EV1: ¿evolución o sacrilegio?

El debate está servido. Para unos, la M EV1 es una concesión a la edad, una M para jubilados que no quieren perder el ritual pero necesitan ver el mundo en 5,7 megapíxeles.

Para otros, es justo lo contrario: la M más coherente de la década, una puerta de entrada a la marca para nuevos fotógrafos que valoran el control manual, el formato compacto y la experiencia de uso.

El telémetro seguirá vivo en la M11-P, la M6 o la MP, pero ahora existe una alternativa que no exige vista de halcón ni fe ciega.

Al final, Leica ha hecho lo que mejor sabe: vender evolución disfrazada de tradición. Y lo cierto es que, viendo el resultado, cuesta no reconocerle el mérito. Han tardado cien años en quitar el telémetro, pero lo han hecho con tanta clase que hasta los puristas van a quejarse… con estilo.

Epílogo
Leica M EV1: la M que se atrevió a ponerse gafas

Si buscabas una Leica para reafirmarte en el dogma, has llegado tarde: la M EV1 ha decidido que el purismo también puede llevar visor electrónico y dormir igual de bien por las noches. No tiene vídeo, no tiene autofoco y no pide perdón por nada. Lo que sí tiene es la osadía de admitir que la precisión importa más que el postureo de casar cuadraditos en un telémetro desalineado. Blasfemia para unos, alivio para otros. Nosotros lo llamamos evolución con mala leche.

Y ahora la parte incómoda: seguir disparando con una M de telémetro no te convierte en mejor fotógrafo; comprar la M EV1 tampoco. Lo que te convierte en mejor fotógrafo es clavar el foco, exponer con cabeza y dejar de usar el romanticismo como excusa. La EV1 te da herramientas —focus peaking, ampliación, previsualización real— y te quita coartadas. Si con esto tampoco aciertas, el problema no era el visor.

Leica M EV1
Leica se ha atrevido a romper su propio dogma: una M con visor electrónico integrado. Sin telémetro, sin vídeo y sin medias tintas. Sensor full frame de 60 MP y una forma de entender la fotografía que sigue sin pedir permiso a nadie.
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