Fujifilm vuelve a la carga con una nueva entrega de su telenovela analógica-digital: la Instax mini LiPlay+, una cámara que no tiene muy claro si quiere ser un recuerdo nostálgico, un gadget moderno o el regalo estrella en cumpleaños de gente con demasiadas ganas de “expresarse”. A simple vista parece una versión refinada de aquel modelo de 2019 que ya jugaba con la idea de unir sensor digital con impresión instantánea. Pero aquí han subido el volumen, y literalmente: ahora las fotos también hablan.
La fórmula sigue siendo más o menos la misma: haces una foto digital, la imprimes en película Instax mini, y por el camino puedes decorarla con marcos, efectos y sonidos grabados. Porque sí, ahora puedes añadir una nota de voz a tu imagen, que se incrusta en forma de código QR para escanearla después. ¿Quién no ha soñado con oír el “miau” de su gato cada vez que mira su foto pegada en la nevera?
Todo esto viene metido en un cuerpo más cuadrado, más “sofisticado” y algo más pesado que su antecesor. La pantalla ha crecido, el precio también (bastante más que la pantalla, todo sea dicho), y para rematar la jugada, han añadido una segunda cámara: un angular trasero fijo para selfies. Porque está claro que lo que le faltaba a la fotografía instantánea era poder verte la cara en todas las tomas.
Doble cámara, sonido incorporado y el nuevo culto al marco con glitter
La gran novedad que Fujifilm quiere que grites desde la azotea es la inclusión de dos cámaras. Una principal de 28 mm f/2.0, y una trasera de 23 mm f/2.2 pensada para selfies. No esperes milagros ópticos: son sensores diminutos que hacen lo justo para que la foto sea imprimible sin demasiada vergüenza. La gracia está en el llamado “Layered Photo Mode”, que permite fusionar dos imágenes —una de cada cámara— en una sola. ¿El resultado? Un retrato tuyo flotando sobre una foto de fondo. Una especie de collage digital con pretensiones creativas, como si Photoshop hubiera hecho prácticas en una escuela de scrapbooking.
Pero si hablamos de funciones absurdamente encantadoras, la estrella es el sonido. Puedes grabar tres segundos de audio —desde una risa hasta el ladrido de tu perro— y asignarlo a una imagen. Ese sonido se convierte en un QR impreso en el margen de la foto. Luego, lo escaneas con el móvil y… magia: tu imagen habla. Literalmente. Y si te parecía poco, también puedes crear un “álbum sonoro”: una galería animada con varias fotos y sus correspondientes sonidos, música de fondo y efectos. No sabemos si lo necesitas, pero Fujifilm jura que sí.
El diseño también ha pasado por chapa y pintura. Ahora la cámara presume de un acabado texturizado y colores con nombres de Pinterest: “Sand Beige” y “Midnight Blue”. Más rectangular, más sobria, más lista para aparecer en stories. La pantalla trasera crece hasta las 3 pulgadas y el cuerpo sube hasta los 265 gramos. No es un ladrillo, pero tampoco cabe ya en cualquier bolsillo de chaqueta.
App, marcos, filtros y esa fiebre de personalizarlo todo
Todo este show no funcionaría sin una app. La nueva versión de la app instax mini LiPlay permite imprimir fotos directamente desde el móvil, controlar la cámara por Bluetooth, añadir marcos, filtros, pegatinas y escribir texto sobre la imagen antes de imprimirla. Puedes elegir entre dos modos de impresión —Natural o Rich— según si prefieres el acabado clásico lavado o unos colores saturados hasta el delirio.
Eso sí, no esperes una experiencia fluida como la de un smartphone. El ecosistema Instax es peculiar: funciona, pero con la lentitud y los menús que uno asocia más a un microondas con pretensiones que a un dispositivo fotográfico del siglo XXI. Aunque, para qué engañarnos, aquí nadie busca inmediatez: lo importante es la liturgia de preparar una foto, decorarla, imprimirla, escanear el QR y enseñársela a alguien mientras dices “¡mira, también suena!”.
Por si fuera poco, Fujifilm lanza junto con la cámara un nuevo tipo de película llamada Soft Glitter, con marcos brillantes dorados. Porque si algo hemos aprendido en estos años de marketing emocional, es que todo mejora con purpurina. ¿Necesitas ese tipo de adorno para una foto? Por supuesto que no. ¿Lo vas a comprar? Es probable.
Precio, autonomía y ese “valor emocional” que hay que pagar por la Fujifilm Instax Mini LiPlay+
La Fujifilm Instax mini LiPlay+ llega al mercado con un precio de 220 euros, que comparado con los 160 del modelo original (allá por 2019), deja clara una cosa: Fujifilm ha descubierto que puede subir los precios mientras la nostalgia siga funcionando. Y, viendo lo bien que se vende cualquier cosa que imprima recuerdos, no les falta razón.
La autonomía ronda las 100 impresiones por carga. La batería es interna, no extraíble, y se carga por USB-C. En cuanto al almacenamiento, permite guardar unas 45 fotos internamente y acepta tarjetas microSD. Nada que te sorprenda, pero suficiente para una jornada de fotos sin urgencias.
Ahora bien, lo importante aquí no es si la cámara lo hace mejor o peor. Es si consigue conectar con ese público que busca algo más que una imagen en la galería del móvil. Fujifilm juega esa carta con habilidad: apela a la nostalgia, al diseño bonito, al ritual de lo físico y, ahora, también al audio. Te vende un recuerdo editable, imprimible, sonoro y decorado. Y te cobra por cada parte del proceso.
Y si después de todo esto aún te pica la curiosidad —o crees que no hemos sido lo bastante crueles—, siempre puedes pasarte por la web oficial de Fujifilm y leer su versión de los hechos. Advertencia: allí todo parece tener sentido.
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.