Canon RF 45mm f/1.2 STM · Análisis del f/1.2 barato que no debería existir

por Pedro Gamo

Llevo años escuchando que para tener un f/1.2 nativo en Canon necesitas el permiso de tu director de banco o estar dispuesto a cargar con un kilo de cristal que te destroza las cervicales tras dos horas de evento. Por eso, cuando Canon anunció este RF 45mm f1.2 STM por poco más de 500 euros, mi primer instinto fue mirar el calendario para comprobar si era el día de los inocentes. Pero no, el objetivo es real, existe y ha pasado un par de semanas en mi mochila demostrándome que, efectivamente, la física no perdona y que los milagros en óptica suelen tener letra pequeña escrita con un rotulador muy barato.

Sacarlo de la caja es una experiencia confusa. Esperas la densidad de un objeto de precisión y lo que te encuentras es algo que pesa menos que una lata de cerveza (346 gramos, para ser exactos). Es el «plástico fantástico» llevado a la aristocracia de los diafragmas.

La sensación es la de un objetivo que Canon ha lanzado para que dejes de suspirar por los f/1.4 de Sigma y vuelvas al redil del ecosistema nativo, aunque sea a costa de sentir que estás montando un accesorio de Lego en tu flamante EOS R5. Lo he llevado de paseo por garitos oscuros, lo he usado en retratos improvisados y he intentado seguir a perros corriendo con él. El resultado es un viaje emocional entre la fascinación por el desenfoque y el cabreo por sus carencias técnicas.

Canon RF 45mm f/1.2 STM
Un f/1.2 real, ligero y sorprendentemente accesible. No es perfecto, pero tampoco lo pretende: mucha luz, desenfoque con carácter y decisiones claras. De esos objetivos que se usan más de lo que se analizan.

Un cuerpo de juguete para un diafragma de leyenda

Lo primero que notas al usar el RF 45 f1.2 STM es que Canon ha recortado en todo lo que no sea el cristal central. No hay botones, no hay sellado y, por supuesto, no hay parasol incluido. Si quieres el trozo de plástico oficial para protegerlo de reflejos, prepárate para soltar casi un 15% del valor del objetivo. Es una tacañería que ya no sorprende pero que sigue molestando. En la mano, el tacto es puramente policarbonato; la montura es metálica, sí, pero el resto grita «ahorro de costes» en cada esquina. El anillo de control es personalizable, un detalle que se agradece, pero su respuesta es mecánica y poco inspiradora.

El motor STM y el zumbido de la realidad

Cuando te pones a disparar en serio, el motor STM te recuerda por qué los objetivos de la serie L cuestan lo que cuestan. No es que sea lento, es que no es «eléctrico». Hace un ruido sutil, un ronroneo de engranajes que se nota especialmente si intentas hacer vídeo en entornos silenciosos. Además, el elemento frontal se desplaza hacia adelante y hacia atrás al enfocar, lo que convierte al objetivo en una pequeña bomba de aire que invita al polvo a entrar si no tienes cuidado. No es un drama para un uso aficionado, pero si vienes de un motor Nano USM, sentirás que has vuelto cinco años atrás en el tiempo.

El drama del enfoque y el fantasma del Focus Shift

Aquí es donde la prueba del Canon RF 45mm f1.2 se pone seria. Durante mis pruebas con una EOS R6 Mark II, me encontré con un viejo enemigo que creía desterrado: el Focus Shift. Resulta que este 45mm sufre de una aberración esférica residual que hace que el plano de enfoque se desplace hacia atrás a medida que cierras el diafragma. En la práctica, esto significa que si enfocas a f/1.2 y disparas a f/2.8, el foco no estará donde tú querías. Es frustrante, especialmente cuando te das cuenta de que la cámara te dice que está en foco, pero la imagen final te devuelve una suavidad que parece un error de principiante.

La solución digital para un pecado óptico

Afortunadamente, Canon ha metido un parche por software en los cuerpos modernos (de 2021 en adelante). Si tienes una R6 II o una R8 y activas la simulación de exposición con previsualización de profundidad de campo, la cámara obliga al objetivo a enfocar ya cerrado. Es una solución elegante, pero deja en la estacada a los usuarios de la R5 original, la R o la RP. Si no tienes uno de los cuerpos más nuevos, este objetivo te va a obligar a trabajar el doble para conseguir una foto nítida fuera de f/1.2. Es el peaje que Canon ha decidido que debemos pagar por tener un f/1.2 barato: o actualizas el cuerpo, o aprendes a convivir con el error.

Canon RF 45mm f/1.2 STM
Un f/1.2 real, ligero y sorprendentemente accesible. No es perfecto, pero tampoco lo pretende: mucha luz, desenfoque con carácter y decisiones claras. De esos objetivos que se usan más de lo que se analizan.

Disparando en la penumbra de un bar de barrio

Donde este objetivo se gana el sueldo es cuando la luz desaparece. Lo metí en un bar con una iluminación miserable —de esas en las que apenas ves lo que estás bebiendo— y ahí el f/1.2 brilla con luz propia. Poder disparar a 1/200 de segundo con un ISO 6400 en lugar de tener que subir a 20.000 es la diferencia entre tener una foto comercialmente usable o una mancha de ruido digital que parece queso suizo. Hice unos retratos a un camarero en plena faena y la separación del fondo es, sencillamente, espectacular.

En estas situaciones reales, de poco importa si la esquina tiene coma o si hay una ligera caída de luz. Lo que importa es que el f/1.2 te permite capturar una atmósfera que con un f/2.8 se pierde por completo. El bokeh en estas distancias cortas es suave, aunque si el fondo tiene luces puntuales, verás aparecer los famosos «ojos de gato» en los bordes. Tiene carácter, tiene ese look «analógico» que tanto se busca ahora y que oculta bajo una capa de desenfoque las vergüenzas de un diseño óptico que no busca la perfección, sino el impacto visual inmediato.

La estética de lo imperfecto: calidad óptica del Canon RF 45mm f1.2

Hablemos de la imagen pura. A f/1.2 el objetivo es usable, pero no es nítido a rabiar. Tiene ese contraste «soñador» que le va muy bien a la piel, pero que te obliga a lidiar con un fringing púrpura épico. Si fotografías algo con mucho contraste bajo la luz del sol, prepárate para ver bordes púrpuras saludándote desde el monitor. No es algo que un buen revelado no pueda mitigar, pero está ahí para recordarte que este cristal no lleva el sello de la serie L.

El bokeh: nerviosismo y ojos de gato

El desenfoque es el principal argumento de venta, pero no es para todos los paladares. Con nueve palas de diafragma, el centro es muy limpio, pero en cuanto el fondo se complica con ramas o luces de ciudad, el bokeh se vuelve «nervioso«. No tiene la cremosidad absoluta de los objetivos de 2.500 euros; es más agresivo, más crudo. En mis pruebas, las luces en las esquinas se deforman notablemente, creando un efecto de túnel que puede ser artístico o irritante dependiendo de tu estilo. Es un look con mucha personalidad, pero que requiere saber qué hay detrás del sujeto para no arruinar la composición con un fondo demasiado ruidoso.

Control del viñeteo

Como era de esperar en un diseño tan compacto y luminoso, el viñeteo a f/1.2 es alto. Hay una caída de luz en las esquinas que llega a los 3 pasos de luz. Lo bueno es que es una caída gradual, muy orgánica, que ayuda a centrar la mirada en el sujeto y que le da a las fotos ese aire de «retrato clásico» que tanto buscamos en postproducción. Si activas las correcciones en cámara, el software hace su magia, pero a costa de subir el ruido en las esquinas. Yo prefiero dejarlo: si compras un Canon RF 45mm f1.2, es para abrazar sus sombras, no para intentar que parezca una foto hecha con un móvil.

Efecto Flare

El tratamiento de los cristales en este Canon RF 45mm f1.2 no es precisamente de gama alta. En cuanto apuntas hacia una fuente de luz directa —ya sea el sol en un atardecer o una farola en una calle oscura—, el flare hace acto de presencia sin timidez. Aparecen fantasmas (ghosting) y una pérdida de contraste general que inunda el encuadre.

A f/1.2 esto puede ser una herramienta creativa muy potente para conseguir ese look etéreo y romántico, pero si buscas una imagen limpia y contrastada a contraluz, este objetivo te lo va a poner muy difícil. Es el precio de no tener los revestimientos ASC o SWC de los objetivos profesionales.

Distorsión geométrica

Si disparas en RAW y desactivas las correcciones automáticas, verás que el mundo es ligeramente curvo a través de este objetivo. Presenta una distorsión de barril bastante notable. Las líneas rectas en los bordes del encuadre tienden a abombarse hacia afuera. No es nada que Lightroom no solucione en un clic, pero es un recordatorio de que Canon ha confiado en el procesamiento digital para ahorrar peso y dinero en el diseño físico de las lentes. Para retrato no importa, pero si intentas hacer arquitectura «low cost» con esto, te va a tocar trabajar en el revelado.

Velocidad de enfoque: el ronroneo del motor STM

Cuando te pones a trabajar en situaciones reales, el motor STM de tipo engranaje te recuerda rápidamente por qué este objetivo no lleva la letra «L» grabada. No es lento, pero tampoco es instantáneo. En mis pruebas persiguiendo a sujetos en movimiento o intentando captar el momento exacto en un evento social, el AF cumple, pero sin alardes. Hay un ligero retardo, una fracción de segundo en la que el objetivo «piensa» antes de clavar el foco. Y lo hace con un ronroneo mecánico que te acompañará en cada toma y que hará que los videógrafos que graben con el micro de la cámara quieran tirarse de los pelos.

En condiciones de luz miserable —como el interior de un bar donde apenas distinguía la cara del camarero—, el enfoque es sorprendentemente preciso, pero se toma su tiempo. No es un objetivo para deportes de interior ni para acción frenética; es una lente para el retrato pausado, para la calle y para el disfrute personal. Si intentas forzarlo en situaciones de seguimiento agresivo a f/1.2, prepárate para una tasa de acierto del 80%. No es un drama si no vives de ello, pero es una limitación clara que marca la distancia con sus hermanos mayores dotados de motores Nano USM.

Conclusión: un f/1.2 barato no es un milagro (pero se le parece bastante)

El Canon RF 45mm f1.2 STM es un ejercicio de funambulismo corporativo. Por un lado, nos ofrece una apertura mítica a un precio que rompe el mercado, permitiendo que cualquiera experimente con la profundidad de campo extrema. Por otro, es un objetivo lleno de compromisos: una construcción que se siente barata, un motor de enfoque que se oye y un problema de Focus Shift que es, directamente, un insulto a los usuarios de cámaras de hace solo cuatro años.

Es un objetivo para el fotógrafo de guerrilla, para el que hace eventos sociales en interiores oscuros o para el entusiasta que quiere retratos con «look profesional» sin arruinarse. No es una herramienta de precisión para paisajes ni para fotografía técnica donde la esquina deba ser perfecta. Es un objetivo de sensaciones, de disparar y ver qué pasa, sabiendo que la apertura f1.2 te va a salvar el culo más de una vez cuando la luz no acompañe.

Si tienes una cámara Canon moderna y buscas ese desenfoque que te separe del resto de mortales que disparan con el 50mm f/1.8, este 45mm es una compra obligatoria. Es divertido, es ligero y te permite conseguir imágenes que hasta ayer costaban tres veces más. Pero no te engañes: no estás comprando un serie L rebajado.

Estás comprando un sueño de plástico que tiene defectos ópticos reales y una construcción que invita a tratarlo con excesivo cuidado. Úsalo a f/1.2, ignora las aberraciones púrpuras y disfruta de la magia. Al fin y al cabo, a tu cliente le va a importar un bledo el focus shift mientras el ojo esté en foco y el fondo parezca una pintura impresionista.

VALORACIÓN FINAL
7.8

El Canon RF 45mm f/1.2 STM es uno de esos objetivos que no se pueden juzgar solo con gráficas. No es preciso, no es refinado y no es perfecto. Pero pone un f/1.2 real en manos de fotógrafos que hasta ahora solo podían soñar con él.

Calidad de imagen (centro)8.0
Rendimiento a f/1.27.5
Bokeh y desenfoque8.2
Autofoco7.0
Focus Shift5.5
Construcción6.8
Relación calidad / precio9.2

No es un objetivo para paisajistas meticulosos ni para fotógrafos obsesionados con la esquina perfecta. Es un cristal pensado para disparar cuando la luz desaparece y aún así volver con fotos utilizables. Tiene defectos reales, pero también una capacidad única para generar imágenes con carácter.

Nota final: 7.8 / 10 · Porque un f/1.2 imperfecto sigue siendo mejor que no tener f/1.2.

Galería de muestras del Canon RF 45mm f1.2

Canon RF 45mm f/1.2 STM
Un f/1.2 real, ligero y sorprendentemente barato. No es perfecto, ni falta que le hace: desenfoque brutal, mucha luz y compromisos claros. El objetivo que Canon lanzó para que dejes de mirar con envidia los f/1.2 de otros.

2 comentarios

David Sanchez 5 de mayo de 2026 - 13:51

Yo lo tengo y me encanta. Ojalá sacaran un 85 1.8 o 1.4, porque el que tienen f2 me parece horrible al estirarse. Y lo mejor sería que dejaran a Sigma sacar tambien los suyos. Ya verás como bajaban los precios

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Pedro Gamo 11 de mayo de 2026 - 22:22

Me pasa exactamente lo mismo con el 85 f2. Ese ruido que hace, y encima se estira con el enfoque. Parece un objetivo de los años 80… jajaja

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