Canon RF 24mm y 50mm f1.4: cuando lo básico llega como si fuera un lujo

por Pedro Gamo

Hay amores que se hacen de rogar. Y luego está Canon, que no solo se hace de rogar, sino que además te deja en visto durante siete años. Porque sí, han pasado siete largos, húmedos y carísimos años desde que el sistema RF vio la luz y aún estábamos esperando algo tan básico como un Canon RF 24 mm y un 50 mm f1.4. No f1.8 de plástico, no f1.2 a precio de objetivo NASA. No. Un f1.4 bien hecho, serio, con pinta de durar más que tu relación con la mirrorless actual. Algo lógico, razonable, estándar. Pues nada, Canon a lo suyo.

Y ahora, como quien llega a la boda justo cuando están cortando la tarta, aparecen estos dos objetivos con toda la pompa y circunstancia de la serie L: sellados, nítidos hasta hacerte llorar y con un precio que haría temblar a un Sigma Art. ¿Llegan tarde? Evidentemente. ¿Son una maravilla técnica? También. ¿Justifican el precio? Ufff. 

Canon y su timing: la puntualidad británica… de Ryanair

Vamos a ver. Que Canon saque un 50mm f1.2 nada más lanzar el sistema tiene sentido. Es el escaparate, el “mira lo que sabemos hacer” con el logo rojo. Pero dejar al usuario medio años y años sin un 50mm f1.4, como si fuera una ex pareja tóxica que no quiere volver pero tampoco dejarte avanzar, es otra historia.

Mientras tanto, en otros sistemas, los 24mm y 50mm f1.4 pululan como setas en otoño: Sigma, Tamron, Viltrox y hasta la abuela de Samyang tienen sus versiones. En Canon, en cambio, tocaba vivir con el viejo EF adaptado o pasar de 1.8 a 1.2 como si aquí todo el mundo viviera de hacer retratos para Vogue.

¿Y ahora que llegan? ¿Qué tal están los Canon RF 24 y 50?

Pues lo cierto es que muy bien. Canon no ha escatimado en detalles (ya era hora): construcción L, sellado, anillo de diafragma sin clics, motor VCM de enfoque rápido y silencioso, 11 palas para un bokeh de esos que hacen suspirar a los amantes del desenfoque dramático. Y además, todos —24, 35 y 50— con el mismo diámetro de filtro (67 mm), misma estética, y pesos similares. Canon se ha puesto en modo OCD y ha creado una santísima trinidad 1.4 que hará las delicias de quienes usan filtros, gimbals o simplemente quieren que sus objetivos combinen en la mochila como si fueran sneakers de edición limitada.

La nitidez, el color y ese “look Canon”

¿Te acuerdas de cuando Canon se dormía en los laureles? Pues parece que alguien puso el despertador. Estos objetivos montan lentes UD, asféricas GMO y todo el rollo técnico que se traduce en una cosa: nitidez. Esa hoja con gotita ampliada hasta el infinito sin perder detalle. Ese desenfoque suave pero con carácter. Ese look que huele a boda, a retrato callejero, a vídeo de slow motion en 4K grabado con amor (y un gimbal). En resumen: sí, funcionan. Y muy bien.

¿El precio? Claro que duele

Eso sí, todo esto tiene un coste. En concreto 1.800 euros por el Canon RF 24 1.4 y unos 1.600€ por el Canon RF 50 1.4 . ¿Cómo? ¿Perdona? ¿Qué lleva dentro, un sensor de R5 haciendo backup por si te pasas con el ISO? Porque si Canon quería llenar el hueco entre las gamas bajas y los f1.2 de 2.500€, lo ha hecho… con precios de gama alta. Si esperabas un f1.4 “asequible” como en la época reflex, vuelve a tu cueva. Aquí no se juega a ser pobre.

Canon ha decidido que estas ópticas fijas no son el paso intermedio, sino el nuevo estándar premium. Y si no te gusta, siempre puedes adaptarte el EF antiguo, claro. O peor aún: cambiarte de sistema y sufrir la vida sin Dual Pixel.

¿Llegan tarde los Canon RF 24 y 50 f1.4 L?

Sí. Totalmente. Son objetivos que deberían haber estado desde el primer año del sistema. De hecho, eran los objetivos. Los que el usuario pedía. Pero como Canon es Canon, decidió llenar el catálogo con mil zooms caros, lentes RF-S random y alguna que otra frikada antes de cubrir lo básico.

Pero también es verdad que… más vale tarde que nunca. Porque estos 24 y 50 f1.4 son buenos. Muy buenos. Y llegan en un momento en el que el ecosistema RF empieza a tener sentido más allá del full frame de lujo. Si usas Canon, ahora tienes una alternativa a los f1.2 sin dejar la hipoteca en el mostrador.

Canon se ha hecho de rogar, ha inflado el precio y ha llegado tarde. Pero ha llegado con dos objetivos que tienen todo lo que se les puede pedir a unas ópticas fijas luminosas en 2025: calidad, diseño, enfoque rápido, compatibilidad pensada y rendimiento óptico brutal. ¿Justifican su precio? Eso ya depende de tu cuenta corriente, tu nivel de obsesión con la nitidez y lo mucho que odies los adaptadores EF-RF.

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