Comprarte una Leica en 2025: el capricho más caro para sentirte fotógrafo

por Pedro Gamo

Hay decisiones que no se toman con la cabeza. Ni siquiera con el corazón. Se toman con el ego. Comprarse una Leica en 2025 entra directamente en esa categoría. Y quien diga lo contrario, o miente, o está amortizando la suya a base de postureo en cafés con plantas secas y libros de Daido Moriyama como atrezzo.

Porque vamos a ser sinceros desde el primer párrafo: comprarse una Leica no es una decisión racional. No lo ha sido nunca, pero en pleno 2025, cuando el 90 % de las fotos acaban en Instagram a 1080 píxeles y el resto en discos duros que nadie volverá a abrir, lo es aún menos.

Leica no es una cámara. Es una declaración de intenciones (y de renta)

Mientras tú estás mirando si el nuevo sensor retroiluminado de Sony mejora medio paso el ruido a ISO 6400, el usuario medio de Leica está decidiendo qué color de correa de cuero vegano combina mejor con su M11-P. Porque sí, la cámara puede costar 9.000 €, pero el rollo visual cuesta otros 300 más. O no funciona. O no eres de los nuestros.

Leica ha conseguido lo que ninguna otra marca: que pagar una salvajada por menos prestaciones sea algo aspiracional. Nada de ráfagas, nada de estabilizador, nada de pantallas articuladas ni modos automáticos pensados para humanos. No. Aquí se viene a sufrir, pero con estilo. A enfocar a mano, a no saber si la foto está bien expuesta y a confiar en que todo el romanticismo que has mamado de Capa, Winogrand y Bresson salga mágicamente por el sensor.

Spoiler: no va a salir. Porque el talento no se compra. Ni viene de serie con el Summilux.

El mito del “menos es más”

Lo habrás escuchado mil veces: “es que una Leica te obliga a pensar, a encuadrar, a ser fotógrafo”. Mira, no. Lo que te obliga es a justificar una inversión obscena por una cámara que ofrece lo que ofrecían las demás hace diez años, pero sin el modo ráfaga. El “menos es más” está muy bien cuando lo aplicas a la edición, al equipo, a la vida. Pero cuando ese menos cuesta 4 sueldos enteros o más, igual conviene revisar el mantra.

Además, en esta época de IA que te saca el fondo, te limpia las arrugas y te detecta el iris del gato en la sombra, ir con una cámara sin autofoco ni pantalla táctil no te convierte en artista. Te convierte, como mucho, en un romántico con dinero. O en un flipado con síndrome de Diógenes fotográfico.

Leica M11-P Safari
La cámara que no necesitas pero probablemente deseas. Verde oliva, sin pantalla abatible y con un aura mística que justifica el precio (o lo intenta). Leica siendo Leica.

Alternativas que no huelen a rancio

La excusa del “carácter” ya no cuela. Hoy puedes tener alma en una Fuji, discreción en una Ricoh GR, profundidad de campo mínima con cualquier full frame moderna, y una experiencia de disparo cojonuda con media docena de cámaras que no llevan una L roja y no te cuestan lo que una hipoteca en Lugo.

¿Quieres callejear? Fuji X100VI. ¿Quieres rollo clásico? Nikon Z f. ¿Quieres disparar sin pensar? Cualquier móvil medio decente. Porque aceptémoslo: el 90 % de los que suspiran por una Leica no buscan una cámara, buscan una identidad. Un espejo en el que decir “mírame, soy fotógrafo aunque trabaje de copywriter en remoto”.

¿Y qué pasa con la calidad de imagen?

Buena. Muy buena. Pero no mejor que la que te da una Sony A7R V o una Canon R5. De hecho, peor si hablamos de versatilidad, ergonomía, conectividad o simplemente sentido común. Las ópticas son brutales, sí. También lo son las de Sigma Art, las G Master de Sony o los L de Canon. Pero no se apellidan Summilux ni se diseñaron en una cueva suiza con monjes ópticos que sólo trabajan bajo la luna llena.

Así que volvemos al principio: la calidad de imagen no es lo que estás comprando. Estás comprando el relato. El simbolismo. La promesa de que tú también puedes ser ese tipo que se acerca al instante decisivo con paso tranquilo, cámara al pecho y mirada intensa. Cuando la realidad es que vas a sacar una foto a tu café con leche para subirla a Threads con filtro VSCO.

Leica es como el vinilo. Bonito, nostálgico, innecesario

A estas alturas, Leica es como comprarse un vinilo de Bowie en una edición limitada mientras tienes el mismo disco en Tidal a 24 bits. Tiene sentido si eres un fetichista, un romántico o simplemente alguien que necesita demostrar algo. Pero para la fotografía real, la que haces con luz chunga, bajo presión, con prisas, con frío o con clientes, hay mejores opciones. Muchas mejores. Y más baratas.

Eso sí, ninguna tan bonita. Porque aquí está el secreto: Leica es la única marca que ha conseguido convertir la fotografía en un objeto de deseo, incluso cuando sus cámaras son peores en casi todo. No lo digo yo. Lo dice el botón de vídeo de la M11: no existe.

¿Entonces tiene sentido o no?

Pues claro que sí. Si tienes dinero, autoestima frágil y ganas de darte un capricho que te suba el ego como una raya en un after, Leica tiene más sentido que nunca. Si eres fotógrafo de verdad, seguramente no sea tu única cámara. Y si no lo eres, vas a parecerlo. Que al final, muchas veces es lo único que importa.

Pero si te estás preguntando si comprarte una Leica te va a hacer mejor fotógrafo, más feliz o más respetado… cuidado. Porque lo que de verdad te estás preguntando es si vale la pena gastarse 10.000 euros en un objeto de culto que no te va a cambiar la vida, ni tus fotos, ni tus followers.

Aunque eso sí: el disparo suena precioso.

¿Y tú qué? ¿Disparas o aparentas?

Así que ya está. La Leica no te va a convertir en Cartier-Bresson, pero oye, igual consigues que te inviten a una exposición colectiva en Malasaña. Igual no pillas foco a contraluz, pero sí miradas en la terraza del bar. Y eso también es retrato urbano, ¿no?

Ahora bien, la pregunta va para ti: ¿Te comprarías una Leica en 2025 sabiendo todo esto? ¿O te parece el mayor timo fotográfico de este siglo?

Leica M11-P Safari
La cámara que no necesitas pero probablemente deseas. Verde oliva, sin pantalla abatible y con un aura mística que justifica el precio (o lo intenta). Leica siendo Leica.

2 comentarios

Ricardo 7 de mayo de 2026 - 21:56

Que buen comentario hermano, ma encantó y gracias.
Me encanta la fotografía pero nunca he tenido una cámara profesional. Que cámara me recomendas, que me perduré en el tiempo y que no sea tan costosa.
De nuevo gracias

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Pedro Gamo 11 de mayo de 2026 - 22:20

Pues depende del presupuesto. Pero por ejemplo una cámara bien hecha, que resiste el agua y el polvo. Con buen sistema de enfoque y calidad de imagen. Una Fujifilm X-T5 es una gran inversión. Te puede durar muchos muchos años en la mochila.

Un saludo 😉

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