El Fujifilm XF 400mm f/4.5 R LM OIS WR llega con 400 mm, apertura f/4.5, estabilización de 5,5 pasos y un peso de apenas 1.245 gramos. Puesto en una Fuji X tenemos el ángulo de visión equivalente a un 609 mm en formato completo. Y ahí, más que en las cuatro ED, las dos Super ED y toda la sopa de letras habitual, está la verdadera gracia de este objetivo.
Porque podemos seguir discutiendo hasta 2037 sobre APS-C contra full frame, sacar gráficas de ruido y medir píxeles con microscopio. Pero cuando toca pasar seis horas persiguiendo pájaros con un teleobjetivo, 1,2 kilos para conseguir el encuadre de un 600 mm empiezan a parecer un argumento bastante convincente. Fujifilm sabe perfectamente dónde puede sacar pecho con su formato y este 400mm es posiblemente uno de los mejores ejemplos.
Un Fujifilm XF 400mm f/4.5 que ha sabido contenerse
Fujifilm podría haber hecho un 400mm f/2.8 espectacular, gigantesco y suficientemente caro como para obligarte a esconder la factura en casa. Ha elegido algo bastante más razonable: f/4.5, 239,5 mm de longitud y 1.245 gramos. Sigue siendo un supertele y ocupa lo suyo, pero estamos muy lejos de esos monstruos que convierten una jornada de fauna en una sesión involuntaria de gimnasio.
Además, Fuji ha trabajado la distribución interna para acercar el centro de gravedad al cuerpo. Es un detalle bastante menos sexy que anunciar otro algoritmo con inteligencia artificial, pero mucho más interesante cuando llevas dos horas cámara en mano. El objetivo está pensado para utilizarse a pulso, no solo para salir precioso sobre un trípode en las fotos promocionales.
Ese equilibrio entre alcance, luminosidad y peso es precisamente lo que hace interesante al 400mm. 609 mm equivalentes a f/4.5 son suficientes para entrar de lleno en fotografía de aves, fauna, motor y deportes sin empezar necesariamente desde un monopié. Aquí el APS-C no necesita propaganda: basta levantar el conjunto.
Puedes seguir discutiendo en foros sobre si el APS-C es «profesional» o no. Mientras tanto, Fuji te planta un equivalente a 609 mm f/4.5 que pesa poco más de un kilo. Hay debates que se resuelven mejor con una mochila que con una gráfica.
Ópticamente, pocas excusas quedan por 2.900 euros
Dentro encontramos 21 elementos en 14 grupos, cuatro ED y dos Super ED, una construcción muy próxima a la del XF 500mm f/5.6 aunque con modificaciones en la zona posterior. Fujifilm llega a afirmar que el nuevo 400mm proporciona incluso mayor resolución que aquel, que precisamente no era un culo de botella.
Las primeras pruebas apuntan en esa dirección: excelente nitidez desde f/4.5, aberraciones cromáticas muy bien controladas, prácticamente ningún problema de distorsión y buena resistencia al flare. El desenfoque también es suave y agradable, aunque evidentemente no tendremos el fondo convertido en mantequilla de un 400mm f/2.8.
Pero tampoco conviene organizar una fiesta por ello. Hablamos de una focal fija profesional de unos 2.900 euros. Que sea tremendamente nítida no es un regalo de Fujifilm, es lo mínimo que podemos exigir después de semejante sablazo. Lo preocupante sería estar aquí buscando disculpas para las esquinas.
Fujifilm XF 400mm f/4.5
De 609 a 1.219 mm equivalentes, por si el pájaro está en otra provincia
El XF 400mm f/4.5 admite los teleconvertidores XF1.4X TC WR y XF2X TC WR. Con el primero obtenemos 560 mm, unos 853 mm equivalentes, mientras que con el 2x alcanzamos 800 mm reales y unos delirantes 1.219 mm equivalentes. Evidentemente perdemos luminosidad, porque por ahora Fujifilm tampoco ha conseguido negociar con las leyes de la física.
La combinación realmente golosa parece la del 1,4x. Partimos de un 609 mm equivalente relativamente luminoso y manejable y podemos saltar a más de 850 mm cuando necesitamos alcance adicional. Eso hace que el nuevo 400mm pueda resultar incluso más interesante que el XF 500mm f/5.6 para determinados fotógrafos.
Con el 2x ya entramos en terreno de francotirador fotográfico. Tener 1.219 mm equivalentes impresiona mucho escrito en una especificación, pero a esas distancias la turbulencia atmosférica, la técnica y el enfoque tienen bastante más que decir que la nitidez teórica del objetivo.
El objetivo enfoca rápido. Ahora miremos a la cámara
Fujifilm utiliza enfoque interno con motor lineal, acompañado de limitador de distancia desde cinco metros, memoria de enfoque y botones configurables alrededor del frontal para AF, AF-L o recuperación de una distancia preestablecida. Es exactamente el tipo de controles que esperas encontrar en una óptica pensada para sujetos que, qué mala educación, no acostumbran a quedarse quietos esperando nuestra foto.
En las primeras pruebas con la Fujifilm X-H2s, el objetivo demuestra tener velocidad de sobra, pero el seguimiento AF del cuerpo sigue mostrando alguna de las inseguridades que conocemos del Sistema X: pérdidas ocasionales del sujeto, saltos hacia el fondo y cierta tendencia a dudar cuando la escena se complica.
No estamos diciendo que Fuji no sirva para fotografiar acción. Eso sería una estupidez. Estamos diciendo que Canon, Nikon y Sony todavía ofrecen un seguimiento mejor y predecible en las situaciones difíciles. Y resulta curioso que Fujifilm esté construyendo una gama de teles cada vez más espectacular mientras son precisamente sus cámaras las que tienen que correr para ponerse a la altura. El cristal ya ha hecho los deberes.
El XF 400mm parece tener velocidad de enfoque de sobra. Si el seguimiento pierde al ave, se enamora del fondo o decide ponerse a pensar en sus cosas, el dedo ya no apunta al objetivo. Fuji ha puesto una óptica magnífica delante. Ahora toca que el autofocus de las cámaras esté a la altura.
5,5 pasos de estabilización y, milagro, Arca-Swiss
Tenemos 5,5 pasos de estabilización óptica, una cifra especialmente útil cuando estamos trabajando con un ángulo de visión equivalente a 609 mm. No va a congelar un águila a 1/30 s —conviene aclararlo antes de que alguien culpe al objetivo—, pero sí permite encuadrar con mucha más estabilidad y aprovechar ese peso relativamente bajo para trabajar a pulso.
El objetivo cuenta además con 20 puntos de sellado, resistencia hasta -10 ºC y revestimiento de flúor en el elemento frontal. Nada revolucionario, simplemente lo que corresponde a un tele profesional pensado para trabajar entre polvo, humedad, lluvia y fotógrafos que llevan cinco horas esperando que un pájaro se digne a hacer algo interesante.
Y Fuji ha tenido la ocurrencia casi revolucionaria de incorporar placa Arca-Swiss directamente en el pie del trípode. Parece poca cosa hasta recordar que todavía existen objetivos carísimos que obligan a comprar y atornillar otra placa debajo. A veces el progreso tecnológico consiste simplemente en dejar de tocar las narices.
¿400mm f/4.5 o 500mm f/5.6?
El Fujifilm XF 500mm f/5.6 ofrece más alcance directamente, unos 762 mm equivalentes, pero este nuevo 400mm es más luminoso, algo más ligero y probablemente más versátil. Tenemos 609 mm para trabajar normalmente y podemos montar el 1,4x para alcanzar 853 mm equivalentes cuando realmente lo necesitamos.
También existen los XF 100-400mm y XF 150-600mm, bastante más flexibles y económicos. Pero esta no es una alternativa para quien todavía está pensando si algún domingo probará fotografía de aves. Un fijo de 2.900 euros se compra cuando ya sabes perfectamente qué fotografías haces y por qué el zoom te importa bastante menos que la calidad, la luminosidad y el peso.
Y ahí el 400mm tiene una posición bastante inteligente dentro del catálogo. No sustituye al 500mm ni convierte los zoom en antiguallas; simplemente ofrece una combinación que hasta ahora faltaba en Fuji X.
Este es el tipo de objetivo que justifica el APS-C
Lo más interesante del Fujifilm XF 400mm f/4.5 no son sus 21 elementos ni que Fujifilm prometa una resolución estratosférica. Es poder llevar 609 mm equivalentes, f/4.5, estabilización y construcción profesional en 1.245 gramos. Eso sí es una ventaja del formato que se entiende sin abrir DxOMark ni convocar otra guerra santa entre sensores.
Fujifilm ha construido además un teleobjetivo que, sobre el papel y según las primeras pruebas, tiene muy pocos puntos débiles más allá del precio y de una luminosidad que será insuficiente para quien realmente necesite un f/2.8. Para el resto, el compromiso entre peso, alcance y calidad parece francamente bueno.
Lo divertido es que el XF 400mm deja la pelota en otro tejado. Fuji ya tiene objetivos para competir sin complejos en fauna y deporte. Ahora necesita que el autofocus de sus cámaras consiga ser tan convincente como el cristal que les está colocando delante. Porque a estas alturas, echarle la culpa al objetivo ya no cuela.
Fujifilm XF 400mm f/4.5
Nacido en los 80 y criado entre carretes y sarcasmo. Fotógrafo profesional y especialista en comunicación y marketing de contenidos. En 2020 lanzó Fujiadictos y en 2025 creó Full Frame Foto, un proyecto donde la fotografía se cuenta sin filtros y con la mala leche justa.