Capture One busca comprador: por qué el gran rival de Lightroom está en venta

por Pedro Gamo

Hubo un tiempo en el que hablar de Capture One era casi una declaración de personalidad. Estaban quienes abrían Lightroom y aceptaban resignados sus virtudes, defectos y alguna que otra lentitud existencial, y luego estaban los usuarios de Capture One, normalmente dispuestos a explicarte que el color o la gestión del RAW estaban en otro nivel.

La realidad es que Capture One llevaba años ocupando ese papel incómodo de alternativa premium a Adobe: menos popular, bastante más cara en algunos escenarios y, al mismo tiempo, sorprendentemente querida por fotógrafos de estudio, moda, retrato o producto. Un software que nunca fue masivo, pero sí respetado.

Ahora la historia entra en otra fase bastante menos glamourosa: Capture One busca comprador. Según varios informes financieros y publicaciones del sector, Axcel  (el fondo de inversión nórdico propietario de la compañía desde 2019) estaría moviendo ficha para vender tanto Capture One como la división Phase One mediante un proceso de subasta.

Y aquí la pregunta interesante no es solo quién podría comprarla. La pregunta es otra: ¿qué demonios pasa en el negocio del software fotográfico para que hasta uno de los grandes rivales de Lightroom acabe en venta?

Capture One no está en bancarrota, pero tampoco vive precisamente una fiesta

Antes de empezar a escribir epitafios conviene poner algo de contexto. Porque no, Capture One no está hundiéndose ni apagando servidores mañana.

De hecho, financieramente la situación es bastante menos dramática que la de Phase One, la empresa matriz de cámaras de formato medio de la que nació originalmente el software. Mientras Phase One registró pérdidas relevantes en 2024 y una caída notable de ingresos, Capture One consiguió mantenerse rentable y cerrar el año con beneficios operativos positivos.

El problema está en el matiz. La empresa habría generado alrededor de 24 millones de euros anuales y unos beneficios EBITDA cercanos a los 10 millones de dólares, cifras razonables para un software especializado, pero quizá insuficientes para cumplir las expectativas de un fondo de inversión acostumbrado a buscar crecimientos más agresivos. Además, parte de esa mejora habría llegado tras importantes recortes internos, incluyendo una reducción de plantilla superior al 30 % respecto al año anterior.

Dicho de otra forma: no parece una compañía en crisis, pero tampoco una locomotora de crecimiento precisamente sexy para un fondo de capital privado.

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El enemigo real no era Lightroom: era Adobe

Competir contra Lightroom nunca ha sido solo competir contra un revelador RAW. Competir contra Adobe significa enfrentarse a un ecosistema entero. Photoshop, Lightroom Classic, Lightroom Cloud, integración móvil, IA generativa, sincronización, Creative Cloud y esa maravillosa capacidad empresarial de convertir la suscripción mensual en algo que acabas pagando con la misma resignación con la que pagas Netflix o la luz.

Capture One siempre intentó jugar otra partida: mejor color, mejor tethering, más control, más calidad percibida, más orientación profesional. El problema es que eso sirve muy bien para fidelizar nichos, pero no necesariamente para conquistar masas.

Porque la verdad del mercado fotográfico es bastante simple: la mayoría de fotógrafos no necesita “el mejor software”. Necesita uno suficientemente bueno que no dé demasiada guerra.

Ahora entendemos mejor la subida de precios

Hace muy poco Capture One anunció un aumento aproximado del 6 % en sus precios. En aquel momento podía parecer simplemente otro episodio más de inflación digital disfrazada de estrategia empresarial.

Visto ahora, el movimiento empieza a encajar bastante mejor. Cuando una compañía se prepara para venderse, hay algo que importa muchísimo: hacer más atractivos los números. Mejor margen, más ingresos recurrentes, más estabilidad y una narrativa financiera algo más bonita delante de potenciales compradores.

Si consigues aumentar ingresos sin provocar una estampida masiva de usuarios, automáticamente el negocio vale más.

El gran miedo: qué pasa cuando tu software favorito cambia de dueño

Aquí llega la parte que probablemente preocupe de verdad a muchos usuarios. Porque la venta de una empresa tecnológica rara vez genera tranquilidad. Sobre todo cuando hablamos de software de suscripción o de herramientas creativas que forman parte del flujo de trabajo diario.

Las preguntas empiezan a aparecer rápido: ¿subirán más los precios? ¿habrá más suscripción y menos licencias? ¿desaparecerán funciones? ¿se orientará a un mercado más masivo? ¿acabará absorbida por algún gigante?

No sería la primera vez que un software especializado pierde parte de su identidad después de una compra. Tampoco sería raro lo contrario: que alguien vea potencial real y decida invertir fuerte.

El problema es que Capture One siempre ha vivido precisamente de una personalidad muy definida. Más cara, más exigente, más profesional y algo menos complaciente que Lightroom. Si pierde eso en busca de crecimiento rápido, corre el riesgo de convertirse en una versión menos cómoda de Adobe. Y ahí la pelea sería bastante complicada.

Quizá no es Capture One: quizá sea el mercado fotográfico

Lo realmente interesante de esta noticia es que cuenta algo bastante más grande que una simple venta empresarial.

Hace tiempo que el software fotográfico profesional vive atrapado entre dos extremos incómodos: usuarios que quieren pagar menos y compañías que necesitan crecer más. Mientras tanto, Adobe sigue funcionando casi como una gravedad inevitable alrededor de todo el ecosistema.

Capture One ha sobrevivido precisamente siendo diferente, más nicho y más premium. La cuestión ahora es si el próximo propietario entenderá que esa rareza era parte del atractivo… o si intentará convertirla en algo más rentable, más masivo y bastante menos interesante.

Porque si algo demuestra esta historia es que ni siquiera el rival cool de Lightroom parece estar completamente a salvo de acabar en el escaparate.

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2 comentarios

Rafa Gil 29 de mayo de 2026 - 12:10

Hasta las narices ya de programas de los que no eres dueño. Antes lo comprabas y lo tenias. Ahora tienes que pagar mes a mes. Que si Netflix, que si Adobe, que si Capture One. Una ruina!

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Pedro Gamo 3 de junio de 2026 - 12:22

Bueno, tambien es verdad que lo que costaba una licencia de Photoshop antes tambien era una ruina. Y encima, te lo dejaban de actulizar a los años. La cosa sigue igual de mal que antes.

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